Movilización climática o la racionalidad del crecimiento

Hoy, 21 de septiembre del 2014, día de un llamamiento global: se trata de la Movilización Climática de los Pueblos con motivo de la Cumbre sobre el Clima que tendrá lugar el 23 de septiembre de 2014 en Nueva York.

Diferentes películas están circulando por internet que nos ponen al tanto de la urgencia de parar las emisiones de CO2, yo me he visto “Disruption” (2014). Película efectiva en su mensaje, que asusta en su urgencia, que parece veraz en sus fuentes… y que esta destinada a sacar a la gente a la calle para que proteste. En esta película sin embargo solo se menciona de manera corta (lo cual está bien, no es su meta concreta) el cómo de esta reducción de emisiones: Se proponen las energías alternativas.

Más allá de la urgencia del asunto y aceptando que cambiar la fuente de energía sea una medida necesaria, ¿constituye esta medida una solución al problema? Mejor dicho: Si nos alejamos de quemar combustibles que produzcan CO2, ¿podríamos seguir consumiendo como si tuviéramos varios planetas Tierra a disposición, seguir con el tren de vida al que estamos acostumbrados?

¿Puede seguir siendo la prioridad número uno de los gobiernos, con un par de notables excepciones, querer volver (para los que están en crisis), o mantener, un crecimiento perpetuo de la economía? ¿No será más bien que este ideal, que se quiere imponer a cualquier costo como se ve en Europa, es justamente el problema?

Habría que remontarse a la historia de nuestra moderna “economía” para hacerle una “genealogía” a la norma del crecimiento. En nuestros tiempos la “economía” solo se puede entender como creciendo, pero esta es una idea, o dogma, que ha surgido no hace muchos años, es joven en la historia de la humanidad. Incluso Adam Smith, uno de los ideólogos fundacionales del capitalismo moderno, advertía que el crecimiento en un momento tenía que parar. Nosotros (me agrupo con los “occidentales”, aunque venga del sur global) nos consideramos el curubito de la civilización, orgullosos de que la racionalidad y no la superstición nos guíen. Sin embargo, en la naturaleza, a algo que crece sin parar solo se le puede llamar un cáncer. Y este puede matar, si no se le para, al portador. O sea, lo mismo que estamos haciéndole a la tierra y a nosotros mismos al crecer “la economía” desmedidamente. Un comportamiento bastante irracional.

La norma es seguir produciendo, seguir vendiendo, no importa qué ni cómo, no importa que ya no agregue más a la calidad de vida de las personas, pues ya se ha señalado en otra parte que a partir de un cubrimiento relativo de necesidades, el consumir más no agrega al bienestar. Pero la economía tiene que crecer. Hay que embutirle créditos a la gente, hay que inventarse todo tipo de nuevas necesidades (y como caemos: “que felicidad, tal o cual compañía nos regala un celular!”) o hacer que cada objeto quede obsoleto en cada vez menos tiempo… Es una irracionalidad absoluta de nuestra civilización, y es un mito que esto sea necesario. Falta aclarar que hablo aquí de un pequeño porcentaje de la población mundial que tiene el privilegio de sufrir de excesos consumistas (valga la ironía), pero aunque pequeño, es el sector de la población que está a punto de llevarse al planeta por delante.

La gran dificultad es pensar fuera del crecimiento como norma, salirnos de esta lógica. Forma parte de nuestras verdades culturales, que como tales que no nos permiten pensar más allá. ¿Dejar de crecer no quiere decir acaso “parar” la economía? No es esta la definición de la crisis en la que está sumida, por ejemplo, España? Muchísimas personas, millones y millones, pueden estar de acuerdo en hay que parar el calentamiento global, y querrán urgir a sus dirigentes a que hagan algo… Pero estamos listos para dejar de consumir de la manera en que lo hacemos? Pues podría ser que sí, que hay una manera de salirnos de nuestras verdades, que si hay otra manera de pensar lo que hemos venido a llamar “la economía…”. Y si, puede haber un bienestar que no tiene que ver con montañas de consumo… Hay que empezar a imaginarlo.

Continuará…

Empresarios: la alternativa del “Bien Común”

Mayo 2013

Puede sonar raro y un poco ridículo para la mayoría de empresarios de la vieja guardia con flamantes MBA’s. Pero hay mucha gente tomándoselo en serio, gente igual de empresarial y seguramente también con flamantes MBA’s. La ‘economía del bien común’ rompe con los esquemas de lo que deben ser las prioridades de las empresas, y más allá de esto, con la definición del ser humano que desde el siglo XVII nos viene marcando con una visión que se condensa en la frase de Hobbes “El hombre es el lobo del hombre”.

El ser humano es el único animal que es altamente formable por su cultura, es definido por su cultura, incluso se puede decir que no existe sin ese entorno cultural. Si le mostramos y le decimos desde pequeñito que tiene que velar solo por su propio interés, que lo importante es competir, buscar su beneficio, y que además debe triunfar, ésta va a ser, efectivamente, su verdad como ser humano. Pero otras verdades humanas son posibles y ahora que estamos tocando fondo en la sociedad occidental, puede ser buena hora de explorar ese otro ser humano posible.

En efecto, en Europa se están cuestionando muchos dogmas básicos. Dice una encuesta de la fundación Bertelsmann que el 80 por ciento de los alemanes y el 90 por ciento de los austriacos esperan un nuevo orden económico. España está indignada porque ha quedado muy claro que la crisis tiene su raíz en la codicia y falta de escrúpulos de unos cuantos. Raíces que van más allá, en una sociedad que celebra valores que estos cuantos personajes simplemente han llevado a límites menos aceptables y más peligrosos que la norma. Menos aceptables pero que se quedan cortos de la inaceptabilidad, pues no parece que fuera incumbencia de la justicia lidiar con ellos. Estos excesos se ven en todas partes del mundo, últimamente en Colombia también como se ha visibilizado en el caso de Interbolsa.

Se está cuestionando ya desde hace tiempo que el sistema sea sostenible, y no ya solamente desde el punto de vista ecológico. Se cuestiona ahora también el rumbo que ha tomado una sociedad en la que se está perdiendo calidad de vida a un ritmo desbocado mientras muy pocos amasan fortunas absurdas. El capitalismo ya causaba desmadres en conjunto con su compañero inseparable el imperialismo, pero solo desde hace poco esta característica de un sistema basado en la rapiña se ha vuelto visible en el llamado ‘primer mundo’. Y, aquí, en la parte del mundo más enriquecida, se están forjando alternativas interesantes como la de Christian Felber.  El economista austríaco propone que la empresas introduzcan un balance del bien común en el que se miden factores que contribuyan a éste y guíen las prioridades de la empresa más allá del afán de lucro: “…la economía del bien común se construye en base a los valores que hacen florecer a nuestras relaciones: Confianza, Responsabilidad, Aprecio, Democracia, Solidaridad  y Cooperación” (http://www.gemeinwohl-oekonomie.org/es/content/la-idea )

Felber señala que su propuesta quiere escapar la idea, que hoy pertenece casi al sentido común, de que ‘quien está contra el capitalismo, está con el comunismo’. Y lo más interesante es que no es teoría sino práctica:  “Hasta finales del 2011 apoyaron la iniciativa más de 500 empresas de 13 países. 200 empresas pioneras aplicanrán el corazón del modelo, el Balance del Bien Común.” (Economía Solidaria: http://www.economiasolidaria.org/noticias/la_economia_del_bien_comun).

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