Occidente: visión desde la India

“El lugar de descanso de tu ropa descartada” Este video es una de esas raras oportunidades de vernos desde afuera … muy interesante:

https://aeon.co/videos/this-is-the-final-resting-place-of-your-cast-off-clothing

La India: última escala de toneladas de ropa occidental descartada. Las mujeres que la desbaratan se preguntan por las personas occidentales que la usaron, lanzan teorías acerca de porqué la gente tira ropa en perfecto estado. ¿Será que hay muy poca agua y prefieren no lavarla? ¿Son tan ricos que simplemente la pueden comprar y tirar por nada? Lo dicen con admiración por ese modo de vida que lo permite… ¿Que puede comer una persona para ponerse estos pantalones donde caben 4 (entre risas)? Y describen esas extrañas braguitas llenas de piedritas y perlitas falsas: ¿qué pobre niña indefensa tiene que ponerse eso?

Y mientras tanto, en occidente, la ropa cada vez más barata (todavía me acuerdo de mi sorpresa cuando salieron las primeras tiendas de tipo ropa barata pero lindísima: para mi fue H&M). Después nos empezamos a enterar: las maquilas y sus condiciones de trabajo esclavizantes, ahí es donde se paga el verdadero costo. Y como con tantos otros aspectos de nuestra civilización: es muy fácil ignorar el origen y destino de las toneladas que consumimos.

Woman sitting on sofa surrounded with shopping bags

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Lógicas empresariales y otras irracionalidades

Hace poco, reflexionaba acerca de la barbaridad medioambiental que suponen la modalidad de café que se vende en cápsulas. En alguna parte leí acerca del gran negocio: Se vende el mismo café de siempre a un precio muchísimo mas caro, produciendo montañas de basura, haciendo necesario un mamotreto de máquina … y la gente tan feliz, lo compra. Prueba de una vez por todas de que los seres humanos poco de racionales tenemos. Que lo que pasa es que sabe muy rico. Bueno, no sé, las máquinas tradicionales sin cápsulas también hacían un café bastante especial, o también el tradicional espresso es algo mucho más manual y sencillo. Claro que no tienen un proceso tan pulcro y divertido… al fin se trata de tener juguetes. Y en particular estos juguetes “de diseño”, alabanza que me eriza los pelitos, son venta segura! Casi gritan: pertenezca a la elite, cómprenos! (Bourdieu saluda).

Lo cual podría no importar tanto, es parte del mundo que se supone privilegiado y que continuamente se tiene que inventar cosas nuevas para consumir. Menos indignante, digo, si fueran juguetes inocuos. Si no se produjeran esas montañas de basura plástica de la que el mundo no aguanta un gramo más; ya próximamente la comida de lujo no será la biológica/ ecológica sino la que todavía no contenga plástico, irremediablemente ya dentro de la cadena alimentaria. Pero el tema que me preocupa aquí es otro. Al mencionar las capsulitas en una conversación, me llega un comentario: …”pero hay que aceptar que el que las inventó es un genio, ¡que buen negocio!” Y aquí esta el meollo del asunto…

Se les enseña a nuestras clases empresariales, que son las que gobiernan el mundo en estos días, esa lógica y valores particulares. Es un genio digno de admirar el que se inventa un buen negocio. Encontró un nicho en el mercado, tuvo imaginación y emprendimiento, ¡admirable! Que su aporte a la contaminación mundial de plástico sea monumental, y su invento sea de un absurdo increíble y totalmente irracional (y la racionalidad es un valor del que está tan orgullosa nuestra civilización occidental…), no solo no entra en el cálculo con el que se valora el negocio, sino que mas bien ¡es completamente irrelevante! Como puede ser esto? El enriquecimiento individual es el único valor relevante para juzgar la bondad de un negocio. Supongo que las personas acostumbradas a pensar en lineas de valores empresariales se darían cuanta de la problemática que tiene su propia lógica o… ¿quieren que sus nietos acaben con las barrigas llenas de plástico, como tanto animalito que ya estamos viendo hoy en día? ¡Seguro que no! La lógica de una visión más completa de la sociedad tendría que ser la guía, también de aquellos que vienen al mundo con una mente empresarial. Esta es la cuestión.

Y a propósito del inventor… se arrepintió de su invento:
http://www.expoknews.com/el-inventor-de-las-capsulas-de-cafe-se-arrepiente-de-su-creacion/

Movilización climática o la racionalidad del crecimiento

Hoy, 21 de septiembre del 2014, día de un llamamiento global: se trata de la Movilización Climática de los Pueblos con motivo de la Cumbre sobre el Clima que tendrá lugar el 23 de septiembre de 2014 en Nueva York.

Diferentes películas están circulando por internet que nos ponen al tanto de la urgencia de parar las emisiones de CO2, yo me he visto “Disruption” (2014). Película efectiva en su mensaje, que asusta en su urgencia, que parece veraz en sus fuentes… y que esta destinada a sacar a la gente a la calle para que proteste. En esta película sin embargo solo se menciona de manera corta (lo cual está bien, no es su meta concreta) el cómo de esta reducción de emisiones: Se proponen las energías alternativas.

Más allá de la urgencia del asunto y aceptando que cambiar la fuente de energía sea una medida necesaria, ¿constituye esta medida una solución al problema? Mejor dicho: Si nos alejamos de quemar combustibles que produzcan CO2, ¿podríamos seguir consumiendo como si tuviéramos varios planetas Tierra a disposición, seguir con el tren de vida al que estamos acostumbrados?

¿Puede seguir siendo la prioridad número uno de los gobiernos, con un par de notables excepciones, querer volver (para los que están en crisis), o mantener, un crecimiento perpetuo de la economía? ¿No será más bien que este ideal, que se quiere imponer a cualquier costo como se ve en Europa, es justamente el problema?

Habría que remontarse a la historia de nuestra moderna “economía” para hacerle una “genealogía” a la norma del crecimiento. En nuestros tiempos la “economía” solo se puede entender como creciendo, pero esta es una idea, o dogma, que ha surgido no hace muchos años, es joven en la historia de la humanidad. Incluso Adam Smith, uno de los ideólogos fundacionales del capitalismo moderno, advertía que el crecimiento en un momento tenía que parar. Nosotros (me agrupo con los “occidentales”, aunque venga del sur global) nos consideramos el curubito de la civilización, orgullosos de que la racionalidad y no la superstición nos guíen. Sin embargo, en la naturaleza, a algo que crece sin parar solo se le puede llamar un cáncer. Y este puede matar, si no se le para, al portador. O sea, lo mismo que estamos haciéndole a la tierra y a nosotros mismos al crecer “la economía” desmedidamente. Un comportamiento bastante irracional.

La norma es seguir produciendo, seguir vendiendo, no importa qué ni cómo, no importa que ya no agregue más a la calidad de vida de las personas, pues ya se ha señalado en otra parte que a partir de un cubrimiento relativo de necesidades, el consumir más no agrega al bienestar. Pero la economía tiene que crecer. Hay que embutirle créditos a la gente, hay que inventarse todo tipo de nuevas necesidades (y como caemos: “que felicidad, tal o cual compañía nos regala un celular!”) o hacer que cada objeto quede obsoleto en cada vez menos tiempo… Es una irracionalidad absoluta de nuestra civilización, y es un mito que esto sea necesario. Falta aclarar que hablo aquí de un pequeño porcentaje de la población mundial que tiene el privilegio de sufrir de excesos consumistas (valga la ironía), pero aunque pequeño, es el sector de la población que está a punto de llevarse al planeta por delante.

La gran dificultad es pensar fuera del crecimiento como norma, salirnos de esta lógica. Forma parte de nuestras verdades culturales, que como tales que no nos permiten pensar más allá. ¿Dejar de crecer no quiere decir acaso “parar” la economía? No es esta la definición de la crisis en la que está sumida, por ejemplo, España? Muchísimas personas, millones y millones, pueden estar de acuerdo en hay que parar el calentamiento global, y querrán urgir a sus dirigentes a que hagan algo… Pero estamos listos para dejar de consumir de la manera en que lo hacemos? Pues podría ser que sí, que hay una manera de salirnos de nuestras verdades, que si hay otra manera de pensar lo que hemos venido a llamar “la economía…”. Y si, puede haber un bienestar que no tiene que ver con montañas de consumo… Hay que empezar a imaginarlo.

Continuará…

Esas bolsitas de plástico de todos los días

Por Gisela Ruiseco

Noviembre, 2013

Se lee hoy en las noticias que: “La Comisión Europea quiere reducir drásticamente el uso de bolsas de plástico finas (menos de 0,05 milímetros de espesor) en la Unión Europea (UE) porque constituyen un grave peligro de contaminación medioambiental y en especial en el medio marino para aves y peces”1.  Señala que un “94% de las aves del Mar del Norte tienen restos de plástico en sus estómagos”. Y con esto ha entrado ya en nuestra cadena alimenticia.

El daño causado por las bolsitas contrasta con el corto lapso de su existencia: En 1957 se introducen las primeras para empacar alimentos, y solo en el 77, en los EEUU, se introducen en las grandes tiendas para empacar las compras. Esto es, hace muy poco que las tenemos, y sin embargo, nos parece que no podemos vivir sin ellas.

Desde el principio, la responsabilidad por el uso de las bolsas se pasa a los consumidores y no a los productores. El peso de los daños causados por el plástico se diluyen y caen en manos y consciencias del consumidor. Otra sería la historia si las “externalidades” de la producción del plástico se vieran reflejadas en el precio de las bolsitas .

Por otro lado, con la idea de que podemos reciclar el plástico nos hemos relajado con el hecho que estamos produciendo y consumiendo grandes cantidades de un material que no se destruye en siglos. Y se recicla en parte, pero una gran cantidad del plástico, y en especial las bolsas delgadas, no llega nunca a reciclarse o escapa a los sistemas de recogida y desecho de basuras, acabando vertido en los campos, ríos y mares. Aquí se fragmenta y es ingerido fácilmente por animales. El plástico fragmentado eventualmente encuentra el camino hacia el mar, formando lo que se conoce como la gran sopa de plástico del Océano Pacífico2, escandalosa evidencia de nuestra cultura del desecho. Y el plástico de esta sopa no proviene de barcos indisciplinados, como se podría pensar. El 80% de su composición proviene de la tierra.

La gran pregunta es: ¿porqué no se prohiben estas bolsas? A qué estamos esperando? Parecería que nuestra desidia se debe a que pensamos que es demasiado tarde y entonces ya que importa, como en aquella película en que los enfermos de peste se sentaban a cenar rodeados de ratas…. Pero no, no es así, es simplemente letargo, y claro está, el poder de los lobbies del plástico3, lo que está detrás.

Es curioso que sigamos considerándonos la cima de la civilización humana, los primeros en vivir bajo premisas racionales, dejando atrás las supersticiones, la irracionalidad, de nuestros antepasados. La sociedad occidental moderna, y a pesar de toda apariencia, es definitivamente “irracional como totalidad” como dice Marcuse.

Sobre loquitos ecológicos y cosas sin importancia

Septiembre, 2013

La actualidad: Desaparición de abejas en el mundo, apropiación de las semillas por parte de un puñado de corporaciones, correlaciones encontradas entre exposición a agro-químicos y diversas enfermedades, presencia alarmantes de mercurio en nuestros organismos, nuevos continentes de plástico, material que además ya entra en nuestra cadena alimentaria, océanos radioactivos… Es nuestra realidad; un panorama que hace unos años, de enunciarse su posibilidad, habría parecido un desvarío propio de loquitos desadaptados, resentidos sociales o similares.

Y efectivamente, los temas que tienen que ver con la defensa de la naturaleza han sido material de “loquitos” y antisistemas. Y si reflexionamos un poco acerca de esto… ¿Como es posible que la defensa de materias tan serias como el envenenamiento de todo lo que es de primera importancia para la supervivencia de nuestra especie como son el agua, el suelo, o nuestros alimentos, se percibiera, y se siga percibiendo, en los círculos “serios” de la economía y la política, como temas secundarios? ¿Que permite esa descalificación? ¿Porqué estos temas no forman parte natural de los círculos “serios”?

Empezamos a entender lo que sucede aquí al darnos cuenta de que no siempre fue así. El proceso de descalificación de ciertos temas tiene sus raíces en una invención propia de la llamada cultura occidental: eso que llamamos “la economía”. Nos señala J.L. Naredo que en los orígenes del capitalismo a lo que apuntaba este concepto era a una actividad enraizada en el mundo físico y no separada de él. Es después de que se abstrae a “la economía” de la sociedad y del mundo físico, y se convierte en un ente separado, autosuficiente,  que nos volvemos ciegos a su enraizamiento en la sociedad y en la naturaleza. Solamente volvemos a ver este enraizamiento, esta dependencia del mundo físico cuando, como ha ocurrido en las últimas décadas, se hace visible que este mundo físico es limitado. Y también con la diversas “primaveras” en diferentes partes del mundo, movimientos de indignados u otros movimientos de base, se hace visible que que la economía aunque funcionara en abstracto siempre también funcionaba adentro de sistemas sociales.

La particular miopía de la cultura occidental (pues todo círculo cultural permite ver unas cosas y otras no), este habernos trasladado con la verdad de “la economía” a su mundo abstracto, hace posible que las personas que señalan estos puntos ciegos, o sea las fallas de la lógica autosuficiente del sistema,  se puedan calificar de “loquitos”. Y es que, en efecto, la verdad en la que vivimos le quita toda posibilidad de relevancia a lo que apuntan.

Y se les dio el permiso a las multinacionales para acaparar la “producción” de la base de la vida, como son las semillas. Y se les dio también permiso a las industrias de la química para producir venenos en cantidades alarmantes.  Y por último, hoy se le permite a los estados el abandono de su única razón de ser: velar por los intereses de los ciudadanos a los que representa. Pues lo importante y serio sigue siendo “la economía”.

Los Transgénicos y el Hambre

Por Gisela Ruiseco Galvis, Enero, 2007

La agricultura transgénica ha entrado a Colombia triunfalmente. Según sus defensores podría ser un arma para combatir el hambre.

Se parte aquí de una hipótesis implícita (a la Malthus): de que el hambre se debe a la falta de comida. Sin embargo, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), en el mundo se producen una y media veces más alimentos de los que se necesitan, a pesar de lo cual una de cada siete personas sufre de hambre. El problema entonces es el acceso a los alimentos, y los transgénicos no van a mejorar la situación. Veamos el caso de Argentina, país que produce transgénicos a gran escala. Según Greenpeace, Argentina exporta millones de toneladas de soya transgénica sin que esto incida en el problema del hambre.

Las soluciones tecnológicas enmascaran las complejas causas socio-económicas del hambre como son la creciente marginalización de sectores de la población o el régimen de comercio injusto caracterizado por exportaciones subsidiadas y el dumping legalizado por la OMC (Organización Mundial de Comercio), factores que arruinan el agro de países sin poder de negociación (léase tercermundistas).

Los transgénicos resultan interesantes desde el mundo abstracto de un laboratorio. Pero el mundo concreto funciona adentro de la lógica del capitalismo neoliberal. Resulta aterrador que algo tan básico como el acceso a semillas pueda llegar a ser controlado por multinacionales como Montsanto (creadora de las semillas suicidas), Bayer/Aventis, Syngenta o DuPont. Entidades cuya razón de existencia no es precisamente velar por el bienestar humano.

Otro problema con los productos y la agricultura transgénica es que su seguridad para la salud y para el medio ambiente no ha sido adecuadamente investigada. La British Medical Association, o la Union of Concerned Scientist, entre otras, han alertado sobre posibles riesgos. Por ejemplo, según Gregorio Álvaro, profesor de Ingeniería Química (UAB, España), la utilización de genes de resistencia a antibióticos podría aportar riesgos para el consumo humano, los genes foráneos introducidos podrían causar alergias alimentarias, también existe el riesgo de la producción de sustancias tóxicas no previstas en las plantas transgénicas. Especialmente hay que señalar los fenómenos de contaminación genética por polinización cruzada. Según Greenpeace, los transgenicos ponen en peligro la agricultura sostenible, la vida salvaje y la biodiversidad. Y la diversidad genética es justamente lo que nos protege de catástrofes alimentarias. Lo peor es que para cuando sepamos como se van a cristalizar estos riesgos será ya demasiado tarde, la introducción de los transgénicos en el ecosistema es un camino sin retorno.

En Colombia hace falta un espíritu mas crítico, en otras partes del mundo la agricultura transgénica está siendo muy cuestionada.

Sabía usted que:

Los EEUU atan su ayuda al SIDA en Africa a la condición que los países acepten ayudas alimenticias transgénicas?

Sigue la cronica de un desastre anunciado

27 Agosto 2013

Me impresiona como se puede ignorar la justificadísima protesta de miles y miles, como se puede menospreciar, ningunear, a tantas personas afectadas en su supervivencia, y solamente criticar los efectos negativos de su protesta. Protesta que seguramente llegó de manera desesperada después de haber agotado todos los otros medios posibles, pues acaso llegarían a los medios, o tendrían algun efecto, unas cartitas de unos ‘simples’ campesinos? El país, ese que se ve en los medios y que se conversa en las ciudades, en los clubes, es demasiado arrogante como para hacerle caso a una población tan lejana como la campesina. Y cuando los boyacenses se quejan son contundentes, la última vez parece que fue aquella lejana en la que se venció a España y se logró la independencia.

Lamentablemente solo con los paros cobraron visibilidad, y se sentó Santos a hablar.

Pero que se podrá negociar en medio de, repito, la gran arrogancia de aquellos que poseen la absoluta verdad acerca de lo que le conviene al país ? Aquellos que ven al paisito en un futuro brillante, como país desarrollado, lleno de mega-agronegocios, que cultivan valiosísimas mercancías de exportación, basadas en semillas ‘certificadas’, y de hipereficiencia estudiada …

Hace ya años se decidió, los que negociaban el gran pacto brillante de libre comercio, que se iba a sacrificar tal o cual sector, pues a cambio iban a haber grandes ganancias para las exportaciones para algún otro sector. Y eso compensaría. Se olvidaron que no se sacrificaban sectores sino personas, y que esas personas perderían su medio de subsistencia, y que la responsabilidad de un país, de un gobierno es cuidar de sus gentes, de que puedan vivir su día a día.

Pero, ay, será que es necesario sacrificar en nombre del progreso? Será que proteger a campesinos, a su cultivo de simple comida (que atrasados, cultivar solo para comer) va en contra del desarrollo? El brillante futuro: llenarnos de pollos llenos de hormonas, maices transgénicos de dudosos efectos, cerdos que nunca aprendieron a caminar y cuya desesperación nos comemos, semillas desechadas y perdidas para siempre… Y agua que ya no se podrá beber…

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