Indígenas y desarrollo

 

Haber recogido derechos culturales en nuestra Constitución es una razón para estar orgullosos de Colombia: son derechos de vanguardia que trascienden las ideologías del siglo XX, capitalistas o comunistas. Es lamentable que no interioricemos que lo que se pone en el papel es para cumplirlo.

Hoy la prioridad de la humanidad debe ser revertir la extinción masiva, parar el calentamiento global, etc. En una columna anterior comentaba que las áreas que sobreviven a la tala ilegal en el Amazonas coinciden con los resguardos indígenas, pues allí se protege lo que la codicia propia de nuestra cultura no respeta. Algo parecido sucede en territorio colombiano: se les echó en cara a los indígenas de la minga las tantas hectáreas que tienen, pero el vocero Giovani Yule explicó que el 70% de sus tierras en el Cauca son zonas protegidas, fuentes hídricas, tierras sagradas. A los indígenas, no al Gobierno, les podemos agradecer que tengan las prioridades claras, las mismas que las Naciones Unidas están tratando de introducir con la “Declaración sobre Derechos Campesinos” (que se ningunean en nuestro país), o las que se han tratado de establecer desde el Proceso de Paz. Desde todos estos puntos de vista las demandas de la minga son justas y de actualidad histórica. Lamentablemente, este Gobierno –aunque también los anteriores, con incumplimientos desvergonzados– dejó que la situación llegara a extremos.

Las demandas indígenas pueden ir contra lo que entendemos por “desarrollo” (en temas como el “fracking” o en su concepción de la función de las tierras) y, en consecuencia, parecer sacrílegas, pues para nuestra identidad de país subdesarrollado, “desarrollarse” es mandato cultural. El problema, o uno de ellos, es que el desarrollismo, al final, es un empeño irracional, pues a todas luces el modelo de vida occidental no se puede extender a todo el planeta (ver autores como Serge Latouche).

Por nuestro futuro, y ante un “desarrollo” voraz y caduco, ¡agradezcamos a los indígenas que sigan luchando!

 

Publicado el 13 de abril, 2019:

https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/indigenas-y-desarrollo-EH786305

 

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Por la vida, por los insectos

Hoy, después de unos setenta años desde los comienzos de la llamada “revolución verde”, sigue vigente la creencia de que para alimentarnos es necesario practicar el tipo de agricultura que todavía consideramos moderna: monocultivos extensivos y mecanizados, agroquímicos y semillas transgénicas. Puede ser difícil de aceptar, pero nos hemos equivocado. Hasta las Naciones Unidas ha dictaminado que la única manera de alimentarnos a futuro va a ser a través de pequeños agricultores. Los saberes desarrollados en la agroecología serán fundamentales.

El relato de la revolución verde, como todo paradigma, sufre de puntos ciegos. Para referirnos solo a uno: nos hemos dedicado a envenenar insectos sin ver que son fundamentales para nuestra supervivencia. No habíamos percibido la importancia de la salud de los suelos, basada en un normalmente riquísimo hábitat de múltiples organismos que fomentan la disponibilidad de nutrientes, regulan la materia orgánica en la tierra y el almacenamiento del agua, modificando su estructura física. Inicialmente, los métodos de la agricultura industrial parecían mejorar la productividad; hoy, aniquilada la vida, quedan anuladas estas mejoras por la degradación del suelo resultante. Ni hablar de la importancia de la abejas para la polinización, un tema más conocido. Impedidos por una arrogante ignorancia, solo ahora vemos los letales efectos de nuestras acciones. Como titula el New York Times: el Apocalipsis de los insectos ya está aquí.

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Desde este punto de vista resulta grotesco un equipo de gobierno que todavía defiende, ya no solo la agricultura industrial, sino desatinos como la aspersión con glifosato o el fracking. El glifosato no debería considerarse como opción, de ninguna manera, ni siquiera si tuviera algún chance de acabar con las siembras ilícitas. En un momento de alarma global la prioridad es no seguir rociando venenos. El gobierno colombiano va a contracorriente del cambio necesario. Seguiremos rodando hacia el abismo si seguimos votando a personajes que triunfan con sus lemas de miedo, distrayendo de sus políticas continuistas, desbocadas en codicia e incrustadas en ideologías caducas.

Publicado en Vanguardia Liberal Marzo 16/ 2019

https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/por-la-vida-por-los-insectos-EK639789

 

De ríos, arrogancias e indignación

Corren tiempos de autodestrucción masiva, pues destruir la naturaleza es destruirnos. Como reacción tendríamos que proteger cada reducto de vida salvaje que queda. Y empezar a mirarnos, no como supuesto tercer mundo a desarrollar, sino como país especialmente rico en naturaleza, de exuberancia tropical. Y rico en personas que están arraigadas a la tierra con un tipo de conocimiento distinto al agroindustrial, que la cuida hasta con su vida. Pero no, mas bien nos quedamos admirados ante el gigantismo de megaproyectos, ilusionados con que ahora sí, ya casi, seremos como los países desarrollados.

Reproduzco aquí unas palabras de José María Samper, escritor y político liberal, una voz del imaginario de su tiempo, describiendo una escena en el río Magdalena (1868). Escuchemos de dónde venimos para entender lo que somos:

Allá (en la balsa) el hombre primitivo, brutal, indolente, semisalvaje… es decir, el boga colombiano con toda su insolencia (…), su cobarde petulancia, su indolencia increíble (); y más acá (en el buque de vapor) el europeo, activo, inteligente, blanco y elegante, muchas veces rubio, con su mirada penetrante y poética… (1)

Somos los herederos de una sociedad de castas en la que los criollos creían tener la tarea de imponer la civilización a la otra parte de la población. Y así, ¿qué posibilidad hay de que se escuche a esa otra parte? Nuestro modo de entender el progreso deja poco espacio para valores democráticos.

Hoy, los movimientos sociales y ambientales en defensa del territorio se ven como enemigos del progreso, incluso se criminalizan. Nunca se consideran interlocutores. En Hidroituango se han atropellado las justas protestas de los afectados y ninguneado la escandalosa serie del perjuicios sufridos. Muchas veces fue el Esmad, con violencia, el que representó al Estado.

La arrogancia histórica, además, se enreda con la codicia, bendecida por nuestro actual sistema económico. Se enreda también con abismos tenebrosos: los cientos de fosas comunes sepultadas bajo la represa. “Inundaron la memoria”, en palabras de habitantes de la zona.

———————

(1) Wills Obregón, M.E. (2002). De la nación católica a la nación multicultural: rupturas y desafíos. En: Sánchez Gómez, Gonzalo & Wills Obregón, María Emma (Eds.). Museo, Memoria y Nación. Memorias del Simposio Internacional y IV Cátedra Anuual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Bogotá: Ministerio de Cultura.

Publicado en Vanguardia Liberal el Sábado 16 de febrero, 2019. https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/de-rios-arrogancias-e-indignacion-FA507766

Megaproyectos y barbarie

“Todavía somos unos indios”, frase que se oye en Colombia y que nos dice cosas sobre nuestro imaginario: colonialidad, racismo… la dicotomía creada entre civilización y barbarie. Ese “todavía” indica que nos imaginamos avanzando por un camino con meta visible: la civilización. Aunque a veces se pudiera pensar que vamos más bien en contravía. O como dice el filósofo Cornelius Castoriadis: «Esos países, llamados anteriormente, con una sincera brutalidad “atrasados”, y luego “subdesarrollados”, fueron cortésmente llamados “menos desarrollados” y finalmente “países en vías de desarrollo”, hermoso eufemismo para significar que, de hecho, esos países no se desarrollan». El “desarrollo” es la zanahoria que va adelante del burro.

Los sacerdotes del desarrollo bendicen e imponen megaproyectos como el de Hidroituango mientras la zanahoria promete mejor vida para todos. Allí, en nombre de la fantasmagoría del progreso, con arrogancia, se ignoraron en su momento las múltiples voces disonantes y se les envió el Esmad a los pobladores de la zona, como si no fuera a los ciudadanos a los que se deben el gobierno y sus políticas. Como toda clase dirigente en nuestros países de herencia colonial, también en Antioquia la promesa del progreso, el sueño de un bien mayor, permite el abuso: se considera daño colateral. Abuso ya centenario contra pueblos como el de los nutabes, despojados de todo después de la inundación, despreciados en sus reivindicaciones, derechos y saberes.

Es necesario, sí, cubrir la necesidad de energía de un país cuya economía crece. Pero no así. Ya el mundo se retracta de megaproyectos, cuyo gigantismo tiene demasiadas secuelas medioambientales y sociales. Concretamente, respecto a las hidroeléctricas, nuevas tecnologías de bajo impacto apuntan a energía hidroeléctrica nano y micro.

Algún día, ojalá, dejaremos la barbarie que dicta enviar fuerzas armadas contra la propia población. Cuando a golpes aprendamos que no lo sabemos todo, más bien diremos: ¡qué bueno que todavía somos unos indios! Aprenderemos que somos naturaleza y que destruirla es destruirnos.

Publicado en Vanguardia Liberal 26.5.2018

¿Castro-chavismo o sentido común?

Después de haber sufrido la guerra civil más larga de Latinoamérica no es sorprendente que Colombia tenga una situación post-conflicto gravísima.  Las estadísticas dicen que es el país con más refugiados internos del mundo. “En el caso de desplazados internos, Colombia encabeza la penosa lista con 6,9 millones de casos” (1),  más que en Siria e Iraq. Además según el Informe de Desarrollo Humano del PNUD (2011): “Colombia registra una de las más altas desigualdades en la propiedad rural en América Latina y el mundo” (2).  Los conflictos centenarios, la misma guerra, han girado alrededor de la tenencia de tierra y hoy se viven los resultados. Todo esto son dolorosos superlativos, y la conclusión más obvia debería ser que hay que aliviar estas situaciones- la de los refugiados: campesinos sacados de sus tierras, y la de la tenencia de tierras. Afirma Simon Ticehurst, director de Oxfam en América Latina y el Caribe “No es posible combatir la desigualdad en América Latina sin abordar las diferencias abismales en el reparto de la tierra, que siguen provocando conflictos sociales y ambientales y una persecución cada vez mayor contra los defensores de las comunidades y el campesinado” (3). Esto se está viviendo al pié de la letra en Colombia. Cualquiera diría entonces que no hay discusión respecto a la necesidad de hacer reformas profundas en la tenencia de tierras; que la mil veces aplazada reforma agraria es tema de sentido común. Le puede doler a muchos terratenientes beneficiarios de la injusticia histórica, esa que viene desde la época de la colonia. Y también a otros más que se han beneficiado de recientes apropiaciones, como ahora suena en los medios…

Y sin embargo, si lográramos ignorar al Furibundo y su producción constante de miedos y odios, ¿no sería simple y llana justicia con tantos colombianos aceptar hacer un esfuerzo y empezar a permitir un cambio? No se trata de castrochavismo ni de comunismo, se trata de reformas que tuvieron que suceder hace muchísmo tiempo.

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Foto de Semana (4)

  1. http://www.elpais.com.co/colombia/es-el-pais-con-mayor-desplazamiento-forzado-en-el-mundo-onu.html
  2. http://ceelat.org/mapas/tag/gini-de-tierras/
  3. http://www.oxfamintermon.org/es/sala-de-prensa/nota-de-prensa/mas-del-50-de-tierra-productiva-de-america-latina-esta-en-manos-de-gra
  4.  http://www.semana.com/nacion/articulo/paro-agrario-2016-campesinos-e-indigenas-protestan/475748

Desmenuzando verdades alternativas: La inmigración y los chicles

Por Gisela Ruiseco Galvis

Circula un video muy pedagógico y aparentemente razonable sobre la inmigración y la pobreza mundial. Un señor Beck ilustra con chicles las cifras de inmigrantes y también de los habitantes de países empobrecidos. Al principio parece interesante, solo cuando me doy cuenta de que está hablando de la futilidad de la inmigración (¡legal!), me doy cuenta de que lo que estoy viendo proviene del mundo de las ideas de extrema derecha que triunfa hoy: está defendiendo la idea de la pureza de una identidad y alimentando indirectamente todos los prejuicios contra inmigrantes que ya circulan. Me parece importante que refutemos estas ideas y expongamos lo que están haciendo y el peligro que conllevan para la convivencia en el planeta. Aquí está el Video

Podemos resumir la argumentación así: ‘Como la inmigración (legal) no está ayudando a mitigar la pobreza mundial entonces hay que parar esta inmigración. Más bien habría que enviar ayuda a los países pobres’. El señor parece un humanista embarcado en discutir la solución a la pobreza mundial. Convence. Pero es tenebrosa su conclusión.

Vamos por partes … Beck basa su conclusión en un enunciado base: ‘el fenómeno de la inmigración es (o quiere ser) una ayuda a países empobrecidos’. La argumentación se basa en un “algunos dicen”, y en un momento dice que “las élites nos están diciendo esto” (…). Si reflexionamos acerca de este enunciado, vemos que no tiene ningún fundamento: el norte global aunque si acepta inmigrantes como ayuda humanitaria, de ninguna manera estaría intentando mitigar la pobreza mundial aceptándolos. Es más, los inmigrantes económicos tienen mucha menos aceptación que los refugiados políticos, aunque en una época si fueron buscados para trabajar. Por ejemplo, en Alemania en los años 70 se buscaba gente que entrara al país a trabajar, se les decía “Gastarbeiter” (Trabajadores invitados). Pero no, no entraban como parte de una política de ayuda humanitaria.

Tenemos entonces que la conclusión a la que llega Beck: que no hay que dejar entrar más inmigrantes legales, tiene una falacia como base de su argumento tan ilustrativo. Desde este enunciado falaz parte Beck para hacer su demostración con los chicles y concluir: Como la emigración no sirve para lo que debería servir, las personas se deben quedar en sus respectivos países y no emigrar. Esta solución queda sobre la mesa como racionalmente fundamentada, ¡solo al mirar en detalle su argumentación nos podemos dar cuenta de que no tiene coherencia!

Y preguntamos: ¿Porqué será que los antepasados de este señor y de la gran mayoría de sus compatriotas no se quedaron en sus respectivos países? Algunos por ejemplo, sufrirían la gran hambruna irlandesa de mediados del siglo XIX cuando emigraron millones a los EEUU. Pues tendían que haberse quedado ahí y esperado ayuda de alguien, según ha argumentado Beck. Que se sostenga esto desde una nación que ha construido su identidad nacional sobre el ser un melting pot, es grave. Tal vez este señor esté traicionando todos los valores fundacionales de su nación, esa que tanto parece defender (el video se reproduce en una página llamada “Movimiento identitario”).

Importante diferenciar que el señor Beck no está hablando de las razones para inmigrar en si sino de las razones para dejar entrar a los inmigrantes o no. Las razones para inmigrar son convenientemente invisibilizadas en la argumentación. Beck está obviando discutir la complejidad de estas causas, por ejemplo las guerras causadas por su mismo país o el ejercito de trabajadores de reserva y mal pagos que necesita la economía de hoy para funcionar. También se está olvidando de que vivimos en la era de la globalización, y el mandato de ‘cada cual en su país’ también tendría que abarcar a las multinacionales y los mercados financieros, para ser consecuentes … esto tal vez le gustaría menos a los identitarios.

Beck concluye en su argumentación que hay que ayudar a las personas “allí”. Se trata de la gran falacia desarrollista: parece que genialmente el señor se estuviera inventando la ayuda al desarrollo. La misma de éxito improbable que existe desde la invención del tercer mundo (1). No se pregunta el porqué “allá” están empobrecidos: Hoy entra “ayuda al desarrollo”, y sale mucho mas en forma de diferentes brutalidades del capitalismo actual como por ejemplo las leyes de comercio tipo embudo: tu obedeces al libre comercio, nosotros si subsidiamos. ¿Sorprende que haya inmigración? Según la ley de demanda y oferta es lo normal- que las personas salgan a buscar oportunidades. Y las encuentran… por ejemplo el sistema de agricultura en Europa y también en el rico país del melting pot está apoyado en migrantes ultra-flexibles gracias a su no-regularización…

La estrategia de Beck de parecer que está preocupado por la pobreza mundial es muy convincente y diferente a los más clásicos argumentos ant-inmigración que circulan. Es peligrosa su forma de argumentar pues su disfraz de oveja engaña a muchos. Solo con la tan contundente conclusión de cerrar las puertas a toda inmigración se nota cual es su interés en la charla, y cual su ideología. Y su desprecio por esos Otros pobres queda claro con el violento derramamiento de bolas: el desbordamiento de la pobreza mundial. Deja el sabor de que ese Otro pobre no solo sería insalvable sino deficiente, pues continúa reproduciendo su pobreza.

(Hay mucho más para decir pero aquí se queda por ahora…)

  1. Ver por ej. Artura Escobar.

¡Bienvenidos comentarios! (Ver mas abajo)

Megaminería y desarrollo

Cajamarca, Colombia, 26 de marzo 2017. Se hace historia contra la megaminería:”La aplastante victoria del No a la minería en Cajamarca será un referente. El 97,92% de los votantes no quieren el proyecto de La Colosa…”(1)

La respuesta: … “La empresa AngloGold Ashanti ha emitido un breve comunicado, de apenas seis líneas,  en el que “lamenta que por cuenta de un debate mal planteado sobre la minería en Colombia, se ponga en riesgo que el país y la región reciban los beneficios de la minería bien hecha y responsable.”(1)

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(Foto de La silla vacía)

¿La región recibe los beneficios? ¿Las regiones con minería de manos de multinacionales son más prósperas y tienen mejor nivel de vida que otras regiones? Pues no. Ni siquiera a nivel nacional vale la pena degradar el medio ambiente de una u otra forma, si es que aceptamos esto como un dilema válido. Joan Martínez Alier, economista ambiental, afirma: “El PIB de la actividad minera está mal calculado, pues suma todos los dividendos generados sobre la actividad, pero no resta el costo de los daños generados por la misma en materia ambiental y social” (Contravía, sept.,2011). (Léase también por ejemplo: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5206359.pdf)

¿Que sucede en Colombia? En nuestro imaginario, y casi se puede decir, en la identidad nacional de los colombianos, está implantada la idea del progreso como bien máximo. Cualquier crítica a algo que se presente como progreso llama a una reacción airada y escandalizada. Esto encaja muy bien con los intereses de las multinacionales, o mas bien el interés pues en realidad es uno solo: generar dividendos para sus accionistas. Estamos en momentos en que la contaminación y destrucción ambiental ha llegado a tales extremos que practicamente ésta debería ser nuestra única preocupación. Pero nada de esto, y mucho menos el sufrimiento de zonas rurales, tradicionalmente en Colombia visto como “daño colateral”, tiene importancia frente al supuesto progreso.

Pero ¿porqué es tan dificil pensar más allá de la verdad que nos ofrecen las multinacionales y los gobiernos neoliberales? (En temas económicos todos igualitos aunque nos hayan montado el circo de oposición de Uribe contra Santos). Pues aunque se ponga toda la evidencia sobre la mesa, y haya ya muchas organizaciones, instituciones trabajando en otro modo de ver la economía, la obstinada creencia es: ‘el desarrollo es uno y el norte global nos muestra el camino, pues no hay otro camino’. Hay una falsa oposición entre el capitalismo actual y ‘volver a la época de las cavernas’. Sin embargo, el momento actual es producto de muchas decisiones y intereses que se nos desaparecen de la memoria. No es inevitable. Para dar un ejemplo: ¿Porque nos parece hoy tan normal que un aparato como el celular tenga que cambiarse cada dos o máximo cuatro años? (Pues un argumento para la desaforada minería es que se necesitan los minerales). No, no es normal, es un invento de nuestra economía y lo acabamos aceptando. Pues la economía actual está ocupadísima produciendo toneladas en objetos  muchas veces desechablaes y en muchos casos innecesarios para las pocas personas con poder de compra (cada vez menos). Este modo de consumir no le incrementa el nivel de vida a nadie. Todo esto se nos vende como el cénit de la civilización.  Pero ¡hay muchas otras posibilidades! Solo hace falta informarse! Abajo pongo links a instituciones que trabajan en reinventarse nuestra economía sin necesidad de volver a las cavernas. Y no, no son instituciones comunistas, ¡ay! La otra falsa oposición al capitalismo de hoy…

Links:

http://www.ejolt.org/

http://neweconomics.org/

http://www.centerforneweconomics.org/

http://www.socioeco.org/bdf_motcle-thema-174_es.html

 

1.https://colombiaplural.com/cajamarca-historia-la-megamineria/

 

Occidente: visión desde la India

“El lugar de descanso de tu ropa descartada” Este video es una de esas raras oportunidades de vernos desde afuera … muy interesante:

https://aeon.co/videos/this-is-the-final-resting-place-of-your-cast-off-clothing

La India: última escala de toneladas de ropa occidental descartada. Las mujeres que la desbaratan se preguntan por las personas occidentales que la usaron, lanzan teorías acerca de porqué la gente tira ropa en perfecto estado. ¿Será que hay muy poca agua y prefieren no lavarla? ¿Son tan ricos que simplemente la pueden comprar y tirar por nada? Lo dicen con admiración por ese modo de vida que lo permite… ¿Que puede comer una persona para ponerse estos pantalones donde caben 4 (entre risas)? Y describen esas extrañas braguitas llenas de piedritas y perlitas falsas: ¿qué pobre niña indefensa tiene que ponerse eso?

Y mientras tanto, en occidente, la ropa cada vez más barata (todavía me acuerdo de mi sorpresa cuando salieron las primeras tiendas de tipo ropa barata pero lindísima: para mi fue H&M). Después nos empezamos a enterar: las maquilas y sus condiciones de trabajo esclavizantes, ahí es donde se paga el verdadero costo. Y como con tantos otros aspectos de nuestra civilización: es muy fácil ignorar el origen y destino de las toneladas que consumimos.

Woman sitting on sofa surrounded with shopping bags

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Identidad Nacional, Diversidad y Subdesarrollo.

Por Gisela Ruiseco Galvis, artículo publicado en Vanguardia Liberal, Vanguardia & Cultura, 6.8.05. pp. 6-7

En esta época del año, en la que conmemoramos y celebramos los comienzos de nuestra república, podemos reflexionar también acerca de nuestra identidad como colombianos. Al referirse a la identidad nacional lo primero que viene a la mente es una enumeración de lo que consideramos que conforma la “colombianidad”: desde la historia hasta el paisaje, pasando por todo tipo de expresiones culturales como la música, la literatura, la comida, etc. Aquí, sin embargo, quiero hablar sobre la identidad nacional desde un punto de vista que va más allá de estas descripciones, y analizar algunos aspectos históricos y psico-culturales del proceso implicado en el desarrollo de la identidad nacional en Colombia.

La Identidad Nacional Colombiana y su Historia

En nuestros tiempos, la identidad nacional puede ser vista como la forma más importante de identidad colectiva, ejerciendo gran influencia sobre lo que hacemos y como nos vemos. La identidad nacional, como cualquier otro tipo de identidad, es “construida” (en este caso colectivamente) formando una imagen de unidad y uniformidad interna que se diferencia de lo que se considera externo. Históricamente, en Latinoamérica resultó difícil crear un concepto que sirviera de base para la formación de las naciones, unidades idealmente homogéneas, dada la heterogeneidad de la población. Las siguientes palabras de Bolivar en su Carta de Jamaica (1815) expresan el trance en que se encontraban los criollos:

Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada. … nosotros, que no somos indios, ni europeos, sino una especie mezcla entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles;… nos (hallamos) en el caso más extraordinario y complicado.

No fue posible “imaginarse”1, como ocurrió en Europa, a las nuevas naciones como comunidades de sangre o como unidades culturales. Sin embargo, los criollos, quienes estaban inspirados en las ideas de la Ilustración, encontraron en éstas la base para concebir a las nuevas naciones. La existente variedad étnica fue asimilada en la unidad política que implicaba el termino “ciudadano”. Las nacientes naciones americanas se definieron en un principio como resultando de la libre voluntad de los individuos soberanos que las conformaban.

Los estados-naciones son un fenómeno histórico de la modernidad europea, enmarcado en la idiosincracia de este continente. El concepto fue importado por los criollos: las revoluciones de independencia en Latinoamérica, como Octavio Paz señala2, adoptaron doctrinas ajenas pero sin ajustarlas al contexto local. Esto resultó problemático pues las ideas de la Ilustración incluían una faceta que entorpecería el proceso en que los recién nombrados ciudadanos de éstas tierras pudieran llegar a ser verdaderamente soberanos. Adentro del universo cultural de la Ilustración, la historia universal se imaginaba en términos lineales y evolucionarios, y se localizaba a las diferentes culturas en una escala que iba desde el barbarismo hasta la civilización. Los criollos, inmersos en estas ideas, tenían la profunda convicción de que la civilización emanaba de Europa y de que ellos tenían el deber histórico de imponer esta civilización en el nuevo mundo3, sin tener en cuenta la variada composición cultural y étnica de los nuevos ciudadanos ni su opinión sobre la imposición cultural de la que eran objeto. Las orientaciones culturales no europeas tendrían que “superarse” en el futuro, o como Homi Bhabha dice, el imperativo era volverse blanco o desaparecer4.

A finales del siglo XIX, la élite política colombiana, en búsqueda de una visión homogénea de la nación que ya no fuera solo de carácter político, concretó una alegada esencia nacional: la idea de “una sola lengua, una sola raza, un solo Dios” quedó plasmada en la constitución de 1886. La religión y el lenguaje y la raza, según esta concepción, tendrían que ser reconocidos como los principios ontológicos de la nación. La imposición de semejante concepto (que refleja la negación de la población real del país), a un contexto real de diversidad, conduce inevitablemente a contradicciones, a un divorcio entre el ideal y la realidad. Es un atropello definir a Colombia como una nación fundamentada solamente en su herencia hispánica. Sin embargo esta idea impregnó a los colombianos y ejerció su influencia por lo menos hasta los tiempos del Frente Nacional. En este aspecto Colombia se diferenció, en el siglo XX, de otros países latinoamericanos, como México, que valoraban, aunque fuera solo en teoría, sus raíces indígenas.

Esta negación de la variedad cultural llevó a que se mirara con desprecio a los segmentos de la población que no cuadraban con la visión euro-centrista del pais. Las siguientes palabras son originales de José María Samper en el año de 1868, aquí se refiere a una escena en el río Magdalena:

Allá (en la balsa) el hombre primitivo, tosco, brutal, indolente, semisalvaje y retostado por el sol tropical, es decir, el boga colombiano con toda su insolencia, con su fanatismo estúpido, su cobarde petulancia, su indolencia increíble y su cinismo del lenguaje […]; y más aca (en el buque de vapor) el europeo, activo, inteligente, blanco y elegante, muchas veces rubio, con su mirada penetrante y poética, su lenguaje vibrante y rápido, su elevación de espiritu […]5.

Estas palabras tienen casi un siglo y medio, y expresan como un miembro de la élite política colombiana organizaba e interpretaba su mundo: con la ayuda de una dicotomía construida entre civilización y barabarie. Nosotros somos los herederos de éstas nociones, tanto de la clase que, con una increíble arrogancia, se consideraba la mediadora de la civilización, como también de los “primitivos”, que tenían que vivir dentro de conceptos culturales que los definían de ésta manera. ¿Que hemos hecho con esa herencia? Hoy en día no es raro oír comentarios que creen ser positivos al expresar que “ya no somos unos indios”. Esta frase quiere enunciar progreso, pero solo expresa racismo. Y, peor aún, formula una negación de lo que somos, o sea mestizos, y una negación de lo que se es no puede llevar sino a una “des-identidad”. ¿Queremos ser, como dice el dicho, europeos o gringos (o mexicanos), cualquier cosa menos lo que somos?

Para analizar la situación de identidad latinoamericana resulta muy adecuada la noción de Michel Foucault acerca de la “producción de la verdad”. Una cultura dominante en un contexto post-colonial, impone su versión de lo que es la verdad (en este caso los conceptos de civilización y barbarie) y esta verdad impuesta tiene el efecto de silenciar otra verdad (en este caso la del “hombre primitivo”). Al definir a un grupo de seres humanos de ésta manera y desde una posición de poder, éstos tienen pocas posibilidades de captar, hasta para sí mismos, su propia verdad. La Ilustración y su “producción de la verdad” constituyen el trasfondo para la construcción de las naciones en Latinoamérica.

Asi, a los países latinoamericanos se les define en un principio como “bárbaros” en necesidad de civilizarse. Siguiendo ésta lógica, la idea de modernización se convierte en un elemento clave en las nuevas naciones, y el nacionalismo que se crea se puede ver en parte como una reacción al desafío que significaba el imperativo de modernizar. Esta situación da como resultado uno de los componentes de la identidad en el continente: la imitación.

En contravía a este discurso y empezando en los años 70, los diferentes grupos étnicos logran formar una identidad colectiva, necesaria para luchar por reconocimiento. Demandan, no tanto justicia económica y social, sino el derecho a preservar su identidad cultural. Esta es una premisa que todas las agrupaciones políticas, la izquierda incluida, habían malentendido desde siempre. La Ilustración y todas sus corrientes herederas, desde el liberalismo hasta el comunismo, no brindaban otra forma de entender las diferentes culturas, como no fuera la de definirlas como bárbaras.

La demanda por reformas en Colombia culmina en la Constitución de 1991. La diversidad cultural y étnica es por primera vez oficialmente reconocida. Marco Palacios6 opina que esta constitución se puede considerar como un verdadero avance democrático representando un antídoto al ideal etnocéntrico de una nación blanca, por lo menos en teoría.

El Subdesarrollo

La doctrina del desarrollo7, que vivimos hoy, surge en las décadas del 50 y 60 del siglo XX y replica el mismo patrón ideológico de “civilización y barbarie”. Ahora ya no nos definimos como salvajes, sino que nos llamamos “subdesarrollados” o tercer mundistas. Si trasladamos este término a nivel individual, ¿que diríamos de una persona que se califique a si misma como subdesarrollada y que en muchos aspectos de su vida se compare con alguien que todo lo sabe mejor? ¡Diríamos que esta persona tiene serios problemas de autoestima y de identidad! Definirse a sí mismo siempre en referencia a una entidad exterior, conlleva el peligro de volver el ideal inalcanzable, porque nadie puede ser lo que no es. La imitación, aunque logre alcanzar la perfección, siempre será una imitación. El concepto del subdesarrollo se ha convertido en una parte natural de nuestra identidad. ¿Que consecuencias puede tener éste fenómeno cultural, fruto del colonialismo?

Nuestro aparente estado de subdesarrollo fomenta formas de subjetividad a través de las cuales las personas se reconocen a si mismas como subdesarrolladas. La psicóloga venezolana Maritza Montero8 describe una identidad “altercentrista”, que está basada en la preferencia, o la dominación en referencia a una entidad social exterior (un colectivo o un estado). Esta entidad exterior, especialmente si es un centro de poder, se convierte en la fuente de todo lo que es bueno y correcto. Al mismo tiempo, estas cualidades se niegan a la propia cultura. El resultado es una identidad que permite a los individuos reconocerse como parte de un grupo nacional, pero de una manera negativa. Así, el altercentrismo se puede ver como un fenómeno cultural que resulta de la orientación histórica hacia una autoridad externa al “nosotros” social. Montero en sus investigaciones ha llegado a la conclusión de que fenómenos tales como la corrupción pueden ser en parte fruto de procesos psicológicos que se derivan de la evaluación negativa del grupo nacional.

El altercentrismo puede desembocar en dos tipos de comportamientos, ambos extremos: 1) En la imitación de la cultura que sirve de modelo o 2) En la negación de la supuesta superioridad de la “fuente de civilización” y, en cambio, la exaltación de las virtudes autóctonas. Esta segunda posibilidad puede conducir al fundamentalismo, como ha sucedido, por ejemplo, en segmentos de la sociedad musulmana post-colonial. Ambas reacciones mantienen a la cultura occidental como el punto central para definirse a si mismas.

El vivir con una identidad altercentrista no excluye entonces al nacionalismo. Por lo contrario, en un país como Colombia, donde la idea del subdesarrollo hace parte de nuestra identidad (semi-conscientemente), hay una parte de nosotros que en compensación sale a defender nuestra identidad aporreada, llevando banderitas como pulseras en el brazo, o llorando de emoción cuando nos va bien en un partido de fútbol.

Hay que señalar que, como estará ponderando algún lector, es muy difícil pensar sobre las manifestaciones de lo que llamamos “subdesarrollo” (por ejemplo pobreza, analfabetismo, o atraso) en términos distintos a los que están enraizados en la dicotomía barbarismo/civilización. Estamos inmersos en esta forma de interpretar el mundo y es difícil salirse de estos esquemas. Difícil pero no imposible. Dichos esquemas no son más que componentes de lo que en psicología social se llama un “repertorio de interpretaciones”9. En este caso se trata de un repertorio que es relativamente nuevo pues tiene sus orígenes (aunque sus raices lleguen mucho mas atrás) en los años después de la segunda guerra mundial, como señala Arturo Escobar. Él decribe el proceso en el cual los conceptos que fijaban a la pobreza como la principal característica del „tercer mundo“y además definían al crecimiento económico como solución, se volvieron verdades universales y evidentes.

Hay numerosos autores que han estado reflexionando desde diferentes disciplinas y puntos geográficos sobre las formas en que se pueden cambiar las interpretaciones culturales que atañen al subdesarrollo. Walter Mignolo10, por ejemplo, nos señala la importancia que tienen los “saberes locales” que han estado surgiendo alrededor del mundo que contrarrestan los diseños universalistas actuales permitiendo el acceso a verdades propias sin caer en fundamentalismos. Arturo Escobar deduce que son las prácticas que resultan de la doctrina del desarrollo en sí, las culpables de fenómenos tales como el hambre y la miseria, factores que llamamos en conjunto “subdesarrollo”. Se podría, en suma, hablar de los damnificados de las realciones de poder durante la colonización y también de la globalización en vez de hablar de subdesarrollados.

La ideología del desarrollo interpreta a las culturas no europeas como fases intermedias que hay que dejar atrás, para alcanzar el anhelado desarrollo. Se pretende reducir el patrimonio cultural humano a las fórmulas universalistas que nacieron en Europa. Hablar de desarrollo de acuerdo con estas fórmulas es un sin sentido, pues el desarrollo solo puede considerarse dentro de parámetros culturales concretos, (el concepto de desarrollo para un hindú es algo muy diferente al de un polinesio). Desarrollarse con un modelo universal como meta implica que las personas tienen que dejar de ser los que son, o sea cambiar su cultura, para adoptar otra que se considera implícitamente mejor. Estas son ideas etnocentristas, que están hoy totalmente revaluadas.

No estamos condenados a perpetuar un modelo que procede de afuera. Solo será así, si no tomamos conciencia de nuestra identidad. Existe la posibilidad, sin embargo, de integrar satisfactoriamente nuestra herencia multi-cultural, aceptándonos como un país de mestizos, con una riqueza cultural extraordinaria, y al mismo tiempo reconocer nuestra historia de colonialismo y de racismo, que ha marcado profundamente la visión de lo que somos. Pues en realidad no somos solo hispanos, somos, en parte por lo menos, “unos indios”, y también unos afro-colombianos. En Colombia se ha reconocido ya el derecho de existir a “otras” culturas. “Ser colombianos” implica el reconocimiento de nuestra realidad multi-cultural, que no puede ser definida como subdesarrollo. El reconocer lo que se es puede dar la fuerza que nos permita buscar un camino propio para resolver las dificultades que afrontamos.

1 Anderson, Benedict (1983/1991). Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. London: Verso.

2 en Tiempo Nublado (1986)

3 Martínez, F. (2001). El nacionalismo Cosmopolita. La influencia europea en la construcción nacional en Colombia 1845-1900. Bogotá: Banco de la República.

4 Bhabha, Homi. (1994). The Location of Culture. London: Routledge.

5 en Wills Obregón, M.E. (2002). De la nación católica a la nación multicultural: rupturas y desafíos. In: Sánchez Gómez, Gonzalo & Wills Obregón, María Emma (Eds.). Museo, Memoria y Nación. Memorias del Simposio Internacional y IV Cátedra Anuual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Bogotá: Ministerio de Cultura., p. 393

6 Palacios, M. (2002). La clase más ruidosa y otros ensayos sobre política e historia. Bogotá: Norma.

7 Ver Escobar, Arturo. (1995). Encountering Development. The Making and Unmaking of the Third World. Princeton: Princeton University Press

8 Montero, M. (1984). Ideología, alenación e identidad nacional: una aproximación psicosocial al ser venezolano. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

9 Gilbert & Mulkay 1984

10 en su obra Local Histories/ Global Designs (2000)

El imaginario de “minorías indígenas” versus el de una “cultura latinoamericana”.

Contradicciones en el discurso del desarrollo

Gisela Ruiseco Galvis

Publicado en:

Cornelia Sieber/Eduardo Guerreiro Brito Losso/Claudia Gronemann (eds.). (2008) Diferencia minoritaria en Latinoamérica. Hildesheim: Olms.

Abstract:

El discurso del desarrollo es sorprendentemente eficiente en su ‘producción de saber’ acerca del “tercer mundo” así como en su práctica de poder, como afirma Arturo Escobar. En este trabajo exploro la manera en que expertos en Latinoamérica manejan el concepto de cultura de maneras que se contradicen pero que consiguen efectos concretos, dentro del contexto de este discurso. En este sentido analizoun texto específico: “Latinoamérica 2020: pensando los escenarios de largo plazo” del National Intelligence Council (NIC) de los EEUU.

 

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