¿Y si fuéramos uno de los “desplazados”?

desplazados77633fab_GenericNos lo tendríamos que imaginar, pues otra historia estaríamos contando si los grandes medios en Colombia hubieran publicado solo una millonésima parte de de las experiencias de los “desplazados” . Seguramente la sensibilidad de muchos colombianos sí se volcaría a ayudar a estas personas. Pero lamentablemente no, toca imaginárselo. Toca porque con mucha tristeza solo vemos que se difunde pánico por una posible reforma agraria de corte comunista (¡…por favor!) o castro-chavista, según perversa y muy febril imaginación del líder de derechas con todas las herramientas de la post-verdad a su servicio, como no.

Entonces a imaginar o a acudir a medios alternativos. Imaginemos que estamos en nuestra casa de alguna hermosísima vereda en Colombia. Nos llegan amenazas de que tenemos que irnos, o nos coje una balacera, o simplemente entran grupos armados a echarnos con violencia, o masacran al pueblo entero y logramos escapar. Tenemos que dejar nuestra casa y todo lo que poseemos… y enfilar a alguna ciudad para ver si podemos sobrevivir con nuestras familias. Si a mi me pasara esto seguramente lo primero que pensaría sería en acudir a alguna autoridad a que se solucione tan escandalosa injusticia. Pero la autoridad sospecharía de mi, podría ser colaboradora de la guerrilla, o esa misma autoridad podría estar aliada con los paramilitares (1).  Nadie ayudaría y sin remedio me quedaría sin nada, con un dolor inmenso si perdí a algún familiar en el proceso y una rabia gigantezca por tanta injusticia…

¿Porqué tantas personas en el país no se logran conmover ante la magnitud del desplazamiento forzado y la injusticia que representa? Porqué se vuelcan tantos, liderados por el máximo creador de pánico y odio, si, a hablar de los peligros de las reformas, sin pensar que es absolutamente necesario hacer reformas de fondo para por fin empezar a introducir un poco de justicia y reparación? ¿Se imaginan que todo está bien y que hay que mantener el país tal como está, después de 50 años de guerra? ¿Que no habrá costos ni que hay que renunciar a privilegios? ¿O estarán esperando a un Marshal Plan que venga del cielo? Ah si: la célebre frase “la economía está bien pero el país está mal”, y así podríamos seguir indefinidamente… ¿les parece? Querida burguesía, es el momento de reformas, con un equipo en el gobierno que representa al neoliberalismo y a las élites más rancias pero intentando arreglar la situación tan escandalosa en la que queda Colombia en el post-conflicto. ¡Que más quieren… ! ¿No será posible dejar que lo intenten?

(1) Esta situación está muy bien descrita, aunque tiene un contexto no campesino, en el libro de Abad Faciloince “La Oculta”.

Links:

https://www.icrc.org/spa/resources/documents/misc/colombia_testimonios_2004.htm

http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/micrositios/informeGeneral/capitulo5.html

http://www.elpais.com.co/colombia/es-el-pais-con-mayor-desplazamiento-forzado-en-el-mundo-onu.html

Documental “No hubo tiempo para la tristeza”: https://www.youtube.com/watch?v=das2Pipwp2w

Foto de Semana.

¿Castro-chavismo o sentido común?

Después de haber sufrido la guerra civil más larga de Latinoamérica no es sorprendente que Colombia tenga una situación post-conflicto gravísima.  Las estadísticas dicen que es el país con más refugiados internos del mundo. “En el caso de desplazados internos, Colombia encabeza la penosa lista con 6,9 millones de casos” (1),  más que en Siria e Iraq. Además según el Informe de Desarrollo Humano del PNUD (2011): “Colombia registra una de las más altas desigualdades en la propiedad rural en América Latina y el mundo” (2).  Los conflictos centenarios, la misma guerra, han girado alrededor de la tenencia de tierra y hoy se viven los resultados. Todo esto son dolorosos superlativos, y la conclusión más obvia debería ser que hay que aliviar estas situaciones- la de los refugiados: campesinos sacados de sus tierras, y la de la tenencia de tierras. Afirma Simon Ticehurst, director de Oxfam en América Latina y el Caribe “No es posible combatir la desigualdad en América Latina sin abordar las diferencias abismales en el reparto de la tierra, que siguen provocando conflictos sociales y ambientales y una persecución cada vez mayor contra los defensores de las comunidades y el campesinado” (3). Esto se está viviendo al pié de la letra en Colombia. Cualquiera diría entonces que no hay discusión respecto a la necesidad de hacer reformas profundas en la tenencia de tierras; que la mil veces aplazada reforma agraria es tema de sentido común. Le puede doler a muchos terratenientes beneficiarios de la injusticia histórica, esa que viene desde la época de la colonia. Y también a otros más que se han beneficiado de recientes apropiaciones, como ahora suena en los medios…

Y sin embargo, si lográramos ignorar al Furibundo y su producción constante de miedos y odios, ¿no sería simple y llana justicia con tantos colombianos aceptar hacer un esfuerzo y empezar a permitir un cambio? No se trata de castrochavismo ni de comunismo, se trata de reformas que tuvieron que suceder hace muchísmo tiempo.

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Foto de Semana (4)

  1. http://www.elpais.com.co/colombia/es-el-pais-con-mayor-desplazamiento-forzado-en-el-mundo-onu.html
  2. http://ceelat.org/mapas/tag/gini-de-tierras/
  3. http://www.oxfamintermon.org/es/sala-de-prensa/nota-de-prensa/mas-del-50-de-tierra-productiva-de-america-latina-esta-en-manos-de-gra
  4.  http://www.semana.com/nacion/articulo/paro-agrario-2016-campesinos-e-indigenas-protestan/475748

El conjuro del miedo

Se me encoge todo de horror y tristeza, igual que cada vez que oigo estos argumentos: “¿Como es que Europa deja entrar a todos esos árabes, que son un peligro para la seguridad, que llevan ya generaciones sin querer integrarse…”? Esta vez no oigo esta frase en Europa sino al otro lado del Atlántico. La frase que juzga sobre un gigantesco grupo humano sin flaquear, que cree que lo sabe todo sobre “ellos” sin dudarlo, o sea: que no sabe que no sabe. Esta vez no se me salta el temperamento, no es el momento además, sino que intento suavizar y razonar: No es que no hayan querido integrarse, solo se puede integrar el que se puede sentir ‘parte de’ y no tiene que estar dudando de su identidad permanentemente- quería hablar de mi propia experiencia pero la conversación se interrumpió. 1

Poco antes habíamos estado hablando de Colombia, y me topé de frente con la idea de que este país, ahora en manos de firmes y rancios neoliberales (igual que en los últimos 20 a 30 años) va para una dictadura ‘a la Venezuela’; y de una vez se echó a Ecuador en el mismo saco. Que ya el presidente está alejándose peligrosamente de instituciones democráticas.  Reconozco el conjuro de miedo fabricado meticulosamente durante décadas por el conocido ex-presidente y hacendado paisa que inventó formulas geniales como el aquí aludido peligro del “castrochavismo”. Sigo sin poder entender, siempre sorprendida, que personas educadas puedan creerse la patraña y de verdad situar al presidente Santos al lado izquierdo del espectro político. Genial: en Colombia para muchos sectores se hizo creíble que el ex-presidente de derechas es ‘la oposición’ al presidente, en realidad de derechas.  El paramilitarismo en estos momentos mata, uno tras otro, a líderes sociales. Esto no es tema de conversación en los círculos del miedo conjurado por Uribe. Era uno de los principales problemas para que la ‘paz de Santos’ fuera una verdadera paz, pero la supuesta oposición desvió la atención al ‘peligro del castrochavismo’. Y así estamos. Pero ese es otro tema.

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Me vi ayer la película sobre el papa Bergoglio. Trata el horror de la dictadura argentina: la tortura, los muertos, la impotencia. ¿Como es posible que seres humanos hagan esto, planeen el horror, que torturen y maten como parte de su trabajo? El cómo entender esa sociedad que lo acepta es tal vez más fácil: la ignorancia, y sobretodo, el miedo. En esa época el comunismo (bueno, en Colombia todavía) era el gran peligro y se combatía matando a los portadores de la peligrosa ideología. Ese miedo es capaz de hacer aceptable lo más aborrecible, de aceptar que las personas más siniestras tomen las riendas.

En la película argentina se ve esta actitud: hay que mantener la seguridad ante todo. Igual que hoy.  Se imagina que hay grupos informes de personas ‘malas’, como los más cándidos ‘a la Trump’ lo expresarían de manera infantil pero muy al grano. El miedo pone a ese grupo desconocido y peligroso al otro lado de un ‘nosotros’. Pueden ser “los árabes”, “los judíos”, “los comunistas”, “el castrochavismo”, etc. Al ponerlos al otro lado pierden su humanidad y ya se pueden torturar y matar. Lo importante es no tener mucho contacto con el grupo para poder aplicarle todos los prejuicios que vengan al caso, y alejarlos lo más posible del ‘nosotros’. La fantasía del peligro, la amenaza y la maldad del otro se puede volver un fantasma gigantesco, y politizar al más ignorante e indiferente. Ese miedo, siempre a un desconocido, puede triunfar. Y muchos alrededor del globo han aprendido como conjurarlo a las mil maravillas.

Ya en otra parte he mencionado el caso de un alcalde austríaco del pueblo de Traiskirchen que se encarga de mantener los miedos al mínimo… poniendo a los potenciales portadores de miedo en contacto con ese “Otro” para que se conozcan y puedan hablar de sus problemas de convivencia, y buscar soluciones. Pues nadie dijo que no iba a haber problemas, ni parece que estemos en este planeta para no tener problemas de convivencia. El contacto es el que destruye el miedo, pues ahí nos podemos dar cuenta de que no somos tan diferentes.  Todos somos posibles receptores de fantasmas de miedo pero también podemos por lo menos volvernos conscientes de su mecanismo.

  1. Este video es muy fuerte acerca de la integración o no del inmigrante en Europa: https://www.youtube.com/watch?v=e7mqfmZS5xM

Megaminería y desarrollo

Cajamarca, Colombia, 26 de marzo 2017. Se hace historia contra la megaminería:”La aplastante victoria del No a la minería en Cajamarca será un referente. El 97,92% de los votantes no quieren el proyecto de La Colosa…”(1)

La respuesta: … “La empresa AngloGold Ashanti ha emitido un breve comunicado, de apenas seis líneas,  en el que “lamenta que por cuenta de un debate mal planteado sobre la minería en Colombia, se ponga en riesgo que el país y la región reciban los beneficios de la minería bien hecha y responsable.”(1)

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(Foto de La silla vacía)

¿La región recibe los beneficios? ¿Las regiones con minería de manos de multinacionales son más prósperas y tienen mejor nivel de vida que otras regiones? Pues no. Ni siquiera a nivel nacional vale la pena degradar el medio ambiente de una u otra forma, si es que aceptamos esto como un dilema válido. Joan Martínez Alier, economista ambiental, afirma: “El PIB de la actividad minera está mal calculado, pues suma todos los dividendos generados sobre la actividad, pero no resta el costo de los daños generados por la misma en materia ambiental y social” (Contravía, sept.,2011). (Léase también por ejemplo: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5206359.pdf)

¿Que sucede en Colombia? En nuestro imaginario, y casi se puede decir, en la identidad nacional de los colombianos, está implantada la idea del progreso como bien máximo. Cualquier crítica a algo que se presente como progreso llama a una reacción airada y escandalizada. Esto encaja muy bien con los intereses de las multinacionales, o mas bien el interés pues en realidad es uno solo: generar dividendos para sus accionistas. Estamos en momentos en que la contaminación y destrucción ambiental ha llegado a tales extremos que practicamente ésta debería ser nuestra única preocupación. Pero nada de esto, y mucho menos el sufrimiento de zonas rurales, tradicionalmente en Colombia visto como “daño colateral”, tiene importancia frente al supuesto progreso.

Pero ¿porqué es tan dificil pensar más allá de la verdad que nos ofrecen las multinacionales y los gobiernos neoliberales? (En temas económicos todos igualitos aunque nos hayan montado el circo de oposición de Uribe contra Santos). Pues aunque se ponga toda la evidencia sobre la mesa, y haya ya muchas organizaciones, instituciones trabajando en otro modo de ver la economía, la obstinada creencia es: ‘el desarrollo es uno y el norte global nos muestra el camino, pues no hay otro camino’. Hay una falsa oposición entre el capitalismo actual y ‘volver a la época de las cavernas’. Sin embargo, el momento actual es producto de muchas decisiones y intereses que se nos desaparecen de la memoria. No es inevitable. Para dar un ejemplo: ¿Porque nos parece hoy tan normal que un aparato como el celular tenga que cambiarse cada dos o máximo cuatro años? (Pues un argumento para la desaforada minería es que se necesitan los minerales). No, no es normal, es un invento de nuestra economía y lo acabamos aceptando. Pues la economía actual está ocupadísima produciendo toneladas en objetos  muchas veces desechablaes y en muchos casos innecesarios para las pocas personas con poder de compra (cada vez menos). Este modo de consumir no le incrementa el nivel de vida a nadie. Todo esto se nos vende como el cénit de la civilización.  Pero ¡hay muchas otras posibilidades! Solo hace falta informarse! Abajo pongo links a instituciones que trabajan en reinventarse nuestra economía sin necesidad de volver a las cavernas. Y no, no son instituciones comunistas, ¡ay! La otra falsa oposición al capitalismo de hoy…

Links:

http://www.ejolt.org/

http://neweconomics.org/

http://www.centerforneweconomics.org/

http://www.socioeco.org/bdf_motcle-thema-174_es.html

 

1.https://colombiaplural.com/cajamarca-historia-la-megamineria/

 

Propaganda, consumismo y … J.C. Vélez

Si extraterrestres inteligentes llegaran a nuestro planeta a cualquiera de las grandes ciudades del globo, llegarían a conclusiones bastante erradas sobre el ser humano. Creerían al ver las ciudades que los mas importante para nosotros es comprar continuamente productos de belleza, ropa, vehículos, etc. Visualmente, en nuestra vida diaria, estamos completamente rodeados de propaganda, día a día nos cobija, nos habla, nos llena de su estética y de sus lógicas, mejor dicho, nos lava el cerebro. ¡No hay ninguna información que tengamos tan permanentemente en nuestras vidas! Es triste, y es increíble a lo que el ser humano se acostumbra si se le introduce poco a poco. En países como Colombia donde se acepta sin chistar todo lo que parezca modernidad he visto comerciales (parlantes para mas horror) hasta adentro de los ascensores. Resulta que para el monstruo económico que hemos creado la publicidad sí es lo mas importante que puede haber… se trata del mandato de consumir.

Estos días estalló un escándalo en Colombia pues un empresario metido a político, mas concretamente a campañas, llevó sus lógicas empresariales a la política, algo que en algunos círculos se considera benéfico, pero esa es otra historia. Y es muy interesante ver lo que sucedió aquí….

Dice Vélez en la entrevista que catapultó el escándalo:

“Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia  era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. ”

Lo explica con tanta candidez que lo único que se puede pensar es que para él se trata de un asunto normal y correcto. Y es que justamente: hace mucho tiempo dejamos de esperar de los comerciales que fueran veraces, que “expliquen” algo, nos acostumbramos a que nos manipulen con imágenes y eslóganes y a que ¡no nos den ningún tipo de información para saber si algo es bueno o malo! Y aquí esta el quid de la cuestión. Yo no veo televisión desde hace muchos años, y aunque obviamente no quedo libre de comerciales si creo que me libro de una buena parte de ellos. Y llevo ya tiempo sorprendiéndome, al ver televisión en algún sitio, de como van cambiando a través de los años, cada vez más desfachatados dejando la información de lado, introduciendo imágenes que nada tienen que ver con el producto, basadas casi siempre en reforzar prejuicios, sexismo, etc. El lema sería: el fin justifica los medios… y así vivimos.

El caso aquí es que esta lógica ha sido llevada a una campaña política, con consecuencias muy graves. Habrá alguien que no se de cuenta incluso de que hay algo malo en esto, pues creerá en el lema que acabo de mencionar. El problema es que puede ser que la finalidad de una campaña política sea ganar, pero la finalidad en la últimas elecciones no debería haber sido partidista, mas bien se trataba de juzgar de la mejor manera posible cual era la mejor opción para Colombia. Y de esta confusión de fines creo que el responsable no es Vélez sino el jefe máximo. Evitar que la gente piense o dirigir la campaña hacia un “dejar de explicar los acuerdos” en ese sentido ha sido una acción criminal y escandalosa contra Colombia y su democracia cojeante. Los del sí nos la pasamos enviando videítos pedagógicos para poder entender el acuerdo, algunos de ellos tan imparciales que casi me convencen del no1. ¿Que chance teníamos contra manipulaciones astutas de semi-verdades, que tenían como meta emocionalizar? No quiero decir que los del sí no estuviéramos emocionalizados, y el lema “paz”, si queremos comparar lemas que hablen a las emociones, fue algo engañoso por exagerado y porque es cierto que muchos de los del no no están contra la paz en general. Aunque sea muy argumentable que valiera la pena tomar el riesgo de retornar a la guerra. Por otra parte si vamos a los sitios donde dejó de haber muertos este año ¡este lema “paz” es absolutamente veraz! A pesar de estos reparos si creo que la campaña del si se basaba en informar y no en engañar.

Volviendo a la entrevista a Vélez, más adelante se pueden leer detalles dignos de un buen empresario haciendo su tarea:

“En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios. En cuanto al segmento en cada región utilizamos sus respectivos acentos.  En la Costa individualizamos  el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela. … En ocho municipios del Cauca pasamos propaganda  por radio la noche del sábado centrada en víctimas.”

Muy buenas estrategias, se habla directamente al “consumidor” en su idioma. Lo importante es llegar a las emociones pues “estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca.” como dice. Que se basen en frases completamente engañosas sin ningún tipo de fundamento como “nos vamos a convertir en Venezuela” no importa. Y menos importa usar a las víctimas para hacer su propaganda, pues no interesaba sacar a la luz la verdad de los horrores de Colombia, sino solo se usaron como plan de manipulación, perdón, de marketing.

Y vamos al final feliz de la campaña, pues continúa Vélez en su lógica reluciente, limpia de toda ética: “el No fue la campaña más barata y efectiva en mucho tiempo. Su costo-beneficio es muy alto.” Si, su costo fue muy alto.

La entrevista a Vélez: http://www.larepublica.co/el-no-ha-sido-la-campa%C3%B1a-m%C3%A1s-barata-y-m%C3%A1s-efectiva-de-la-historia_427891

Interesante, sobre el día sin propaganda:

http://www.letra.org/spip/spip.php?article5470

1El si o no de la silla vacía: http://lasillavacia.com/silla-blanca#test-paz

Sobre mezquindades y prioridades… El Si o el No

Debe de haber buenos argumentos para el No… lo que pasa es que nunca se oyen. Lo que se oye son siempre las mismas retahílas de clara confección uribista. Que el castrochavismo de Santos (sorprende que personas que pasaran por la universidad pueden aceptar esto); que podrían volverse elegibles los guerrilleros (con el perdón, pero de eso se trata, de cambiar balas por urnas); que son millonarios y narcotraficantes… Si a Uribe tanto le estorban los susodichos como para condenarnos a hacer la guerra, ¿porque no usó su poder de arrastre para combatir a los narco-políticos en su momento? Que se va a ceder demasiado, que les van a a dar un sueldo… El ex-presidente debería de estar mejor informado acerca de lo que hay que ceder para lograr firmar tratados. Los comentarios de expertos internacionales ojalá pongan a pensar.

La idea de que se prefiera la guerra a que los ex-guerrilleros tengan derecho a ser votados y a acceder al poder es preocupante. Pareciera que en este pobre país los conceptos más básicos de la democracia no forman parte del imaginario colectivo. Y la verdad es que si, es un “peligro” verdadero, uno inherente a la democracia, en la que puede suceder que personajes peligrosos para un sector de la población, como Trump, o los neonazis en Austria (hay elecciones muy próximas) salgan elegidos.1 Pero no por eso podemos negar que por ahora no hay mejor alternativa a la democracia como opción para formar gobiernos y hasta nuevo aviso sería el ideal a implantar en Colombia. En palabras de William Ospina: “Si, como tantos creemos, es la falta de democracia lo que ha producido esta guerra, sólo la democracia puede ponerle fin.”2

Por otro lado, la justicia o la falta de ella parece que siempre es un dilema en tratados de paz: qué tanto perdonar y qué tanto castigar. O sea, no es de respuesta fácil como lo quisiera el uribismo.

Sucede lo mismo con esa idea implícita en muchos de los argumentos del No: que otra paz mejor que “la de Santos” sería posible. Como si todo el equipo que trabajó durante cuatro años a propósito hubiera cedido más de lo que podía ser… ¿Se puede pensar de verdad que después del No van a haber más negociaciones y mejores? ¿O que la guerra va a acabar con los guerrilleros? Cosa que no logró el bravucón hacendado ex-presidente en 8 años. A donde quiere llegar este personaje, al final, con su No?

A lo que voy sin embargo, es que todo este debate descrito arriba, aunque sea válido para un sector de la población (ese en el que me encuentro yo): privilegiado y citadino, que además es el sector que tiene el peso para decidir, no es el que me da los argumentos para votar por el Sí. Mas bien, este debate me empieza a parecer tremendamente mezquino. Da mucha tristeza, mucha más que la ignorancia o la manipulación que está detrás de los argumentos de Uribe, que no se esté argumentando desde los horrores de la guerra. Si oímos otras voces, las de aquellos que ponían los muertos, o sea, la gente del campo, ya son otras las prioridades. ¿Como pueden los supuestos peligros futuros que se ven en el acuerdo ponerse en la balanza con las vidas que se van a perder si damos vuelta atrás? Como pueden los que defienden el No con estos argumentos, condenar a otros, siempre son otros, allá lejos en zonas rurales, a morir? Cuando empezamos a oír las historias de desplazados y afectados, absolutamente espeluznantes, ¿no tendríamos que apostar por la opción que acabe por lo menos con algo de este sufrimiento? Que se reciclen los guerrilleros como sucedió con lo paras, que tengan sus curules (y que después el que quiera se dé el gusto de no votarlos), que no entreguen la plata al igual que tanto político corrupto… Pero que se acaben por lo menos una buena parte de los muertos, desaparecidos, etc. Un No solo tendría sentido si hay dudas fundamentadas de que los muertos y el sufrimiento no van a mermar… como dije, puede que haya buenos argumentos para el no, pero no los he oído. Cualquier otra cosa es de una mezquindad que asusta. La solidaridad con la gente del campo, los que nunca salen en un noticiero, los que han sido desplazados, esa sería la mayor sorpresa y el gran cambio en “las soledades de Colombia”.

Personajes como A.Uribe son geniales para conjurar los miedos y el egoísmo, igual que Trump o los neonazis. Asusta la facilidad con la que frases simplificantes, sonoras y pegajosas entran en circulación y riegan (si, como se riegan semillas) las mas bajas emociones del ser humano: la rabia o el odio, siempre imaginarios hacia quien no conocemos pero agrupamos usando todos nuestros prejuicios. Es lo que sucede en todos los racismos. En Austria por ejemplo asusta ver como el odio hacia el extranjero se ha vuelto socialmente aceptable. Pero esto es otra historia…

1¿Se deberían prohibir algunas ideologías como el nazismo que, si puestas en práctica, conllevan la pérdida de derechos de parte de la población como podría suceder en la próximas elecciones austríacas? (Tampoco creo que sea el caso de las futuras “FRC”… ) Es un debate abierto en países con historia nazi, donde es ilegal que alguien incite al odio o se haga culpable de “Wiederbetätigung” o retorno a defender el nazismo.

Sobre pelos, normas y agricultura

Sobre pelos, normas y agricultura

Diciembre 2013

Pelos muy lindos hay en mi país. Caminando por centros comerciales, lugar de encuentros y ocio, se ven las cabelleras femeninas disciplinadamente cuidadas, pelos lacios perfectos y brillantes … donde se nota que hay blower de por medio. ¡Que mujeres tan cuidadas y arregladas! No dejo de preguntarme como hacen, de donde sacan el tiempo, para poder quedar así todos los días.

Eso sí: ay de quien pretenda mantener su cabeza ondulada, crespa o similar (si nació con esta aparente desgracia) e intente buscar un corte de pelo que se ajuste a su cabellera. Se encontrará con una peluquera atónita, como me ha sucedido mas de una vez … querer ajustar el corte o peinado al tipo de pelo resulta una idea muy extraña. Pues lo normal es amansar, disciplinar, forzar, el pelo, valiéndose de mil artimañas conocidas.

El impulso es conducir lo que “hay” hacia la norma, no se llegan a considerar las propias características para ajustarse a ellas, o a inventar según la necesidad, a apreciar lo particular. No. Lo importante es parecerse en lo posible a un ideal. Y esta lógica se puede trasponer a cualquier característica física. Ni pechos pequeños, ni tez oscura, ni baja estatura; se rechaza alguna redondez en el lugar equivocado o una nariz con personalidad propIa. Con las secuelas que ya conocemos: trastornos alimenticios, epidemia de cirugías estéticas … Y aquí no vamos a empezar a hablar de la narco- estética femenina impuesta por el dinero fácil, eso ya sería otro tema.

Leemos en P. Bourdieu y sus investigaciones sobre clases sociales en Francia (La Distinción), que son las mujeres de la clase pequeño burguesa las que tienen más necesidad de ajustarse a una norma. Son las que se hacen más operaciones y emplean mas tiempo en cambiar su aspecto. Ellas están, como característica del habitus pequeño burgués, en constante carrera por parecerse a la gran burguesía. Pues el querer cambiar lo propio implica que hay una meta externa, un querer parecerse a, o un alejarse de si mismo. Se crea un vacío eterno entre lo que se es y lo que se debería ser. Esto imposibilita ver lo maravilloso de la diversidad, de lo particular de cada uno.

Por un lado entonces tenemos que las normas de lo que “se usa” no permiten mucha variabilidad: los peinados que están “de moda” son pocos. Por el otro lado vemos también que hay una dirección concreta de la norma: una alergia a lo indisciplinado, a lo natural, pues lo natural es diverso y los gustos propios serían diversos. Las mujeres se ven muy “producidas” y trabajadas.

Podemos también reflexionar que ese estilo que ignora la diversidad y la quiere ajustar a lo que debe ser se puede observar en muchos ámbitos. Un sistema cultural cuyo modus operandi es imponer normas en vez de mirar lo particular, las necesidades de lo local, no puede más que ser agresivo contra ese particular que quiere erradicar. Lo que se hace en nuestras cabezas femeninas se puede comparar con lo que se le hace a la tierra. En la agricultura convencional moderna es irrelevante mirar si aquí crece mejor tal o cual tipo de maíz, pues el punto de vista es, al igual que cuando domamos el pelo: como forzamos todas las circunstancias para que aquí crezca el tipo de maíz que se impone. Cuales y cuantos químicos hay que poner para que crezca x semilla industrial, no importa las características locales, ni la sabiduría campesina que conoce cual semilla se da allí mejor- cuidadosamente ajustada en su evolución al suelo, a la cantidad de agua, clima, etc. No. La agricultura industrial fuerza, obliga al suelo a ajustarse, sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo…

Será que vivimos en una cultura que simplemente ama lo artificial y desdeña lo que “hay”?

Otro capítulo, otra ciudad: Aquí existe una curiosa peluquera, que proviene de otro continente. Este personaje corta el pelo según lo que el pelo quiera hacer. En vez de ajustar y forzar lo particular, lo mira, lo admira, lo consiente y lo deja guiar. ¡Que refrescante! Haberla encontrado antes…

Identidad Nacional, Diversidad y Subdesarrollo.

Por Gisela Ruiseco Galvis, artículo publicado en Vanguardia Liberal, Vanguardia & Cultura, 6.8.05. pp. 6-7

En esta época del año, en la que conmemoramos y celebramos los comienzos de nuestra república, podemos reflexionar también acerca de nuestra identidad como colombianos. Al referirse a la identidad nacional lo primero que viene a la mente es una enumeración de lo que consideramos que conforma la “colombianidad”: desde la historia hasta el paisaje, pasando por todo tipo de expresiones culturales como la música, la literatura, la comida, etc. Aquí, sin embargo, quiero hablar sobre la identidad nacional desde un punto de vista que va más allá de estas descripciones, y analizar algunos aspectos históricos y psico-culturales del proceso implicado en el desarrollo de la identidad nacional en Colombia.

La Identidad Nacional Colombiana y su Historia

En nuestros tiempos, la identidad nacional puede ser vista como la forma más importante de identidad colectiva, ejerciendo gran influencia sobre lo que hacemos y como nos vemos. La identidad nacional, como cualquier otro tipo de identidad, es “construida” (en este caso colectivamente) formando una imagen de unidad y uniformidad interna que se diferencia de lo que se considera externo. Históricamente, en Latinoamérica resultó difícil crear un concepto que sirviera de base para la formación de las naciones, unidades idealmente homogéneas, dada la heterogeneidad de la población. Las siguientes palabras de Bolivar en su Carta de Jamaica (1815) expresan el trance en que se encontraban los criollos:

Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada. … nosotros, que no somos indios, ni europeos, sino una especie mezcla entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles;… nos (hallamos) en el caso más extraordinario y complicado.

No fue posible “imaginarse”1, como ocurrió en Europa, a las nuevas naciones como comunidades de sangre o como unidades culturales. Sin embargo, los criollos, quienes estaban inspirados en las ideas de la Ilustración, encontraron en éstas la base para concebir a las nuevas naciones. La existente variedad étnica fue asimilada en la unidad política que implicaba el termino “ciudadano”. Las nacientes naciones americanas se definieron en un principio como resultando de la libre voluntad de los individuos soberanos que las conformaban.

Los estados-naciones son un fenómeno histórico de la modernidad europea, enmarcado en la idiosincracia de este continente. El concepto fue importado por los criollos: las revoluciones de independencia en Latinoamérica, como Octavio Paz señala2, adoptaron doctrinas ajenas pero sin ajustarlas al contexto local. Esto resultó problemático pues las ideas de la Ilustración incluían una faceta que entorpecería el proceso en que los recién nombrados ciudadanos de éstas tierras pudieran llegar a ser verdaderamente soberanos. Adentro del universo cultural de la Ilustración, la historia universal se imaginaba en términos lineales y evolucionarios, y se localizaba a las diferentes culturas en una escala que iba desde el barbarismo hasta la civilización. Los criollos, inmersos en estas ideas, tenían la profunda convicción de que la civilización emanaba de Europa y de que ellos tenían el deber histórico de imponer esta civilización en el nuevo mundo3, sin tener en cuenta la variada composición cultural y étnica de los nuevos ciudadanos ni su opinión sobre la imposición cultural de la que eran objeto. Las orientaciones culturales no europeas tendrían que “superarse” en el futuro, o como Homi Bhabha dice, el imperativo era volverse blanco o desaparecer4.

A finales del siglo XIX, la élite política colombiana, en búsqueda de una visión homogénea de la nación que ya no fuera solo de carácter político, concretó una alegada esencia nacional: la idea de “una sola lengua, una sola raza, un solo Dios” quedó plasmada en la constitución de 1886. La religión y el lenguaje y la raza, según esta concepción, tendrían que ser reconocidos como los principios ontológicos de la nación. La imposición de semejante concepto (que refleja la negación de la población real del país), a un contexto real de diversidad, conduce inevitablemente a contradicciones, a un divorcio entre el ideal y la realidad. Es un atropello definir a Colombia como una nación fundamentada solamente en su herencia hispánica. Sin embargo esta idea impregnó a los colombianos y ejerció su influencia por lo menos hasta los tiempos del Frente Nacional. En este aspecto Colombia se diferenció, en el siglo XX, de otros países latinoamericanos, como México, que valoraban, aunque fuera solo en teoría, sus raíces indígenas.

Esta negación de la variedad cultural llevó a que se mirara con desprecio a los segmentos de la población que no cuadraban con la visión euro-centrista del pais. Las siguientes palabras son originales de José María Samper en el año de 1868, aquí se refiere a una escena en el río Magdalena:

Allá (en la balsa) el hombre primitivo, tosco, brutal, indolente, semisalvaje y retostado por el sol tropical, es decir, el boga colombiano con toda su insolencia, con su fanatismo estúpido, su cobarde petulancia, su indolencia increíble y su cinismo del lenguaje […]; y más aca (en el buque de vapor) el europeo, activo, inteligente, blanco y elegante, muchas veces rubio, con su mirada penetrante y poética, su lenguaje vibrante y rápido, su elevación de espiritu […]5.

Estas palabras tienen casi un siglo y medio, y expresan como un miembro de la élite política colombiana organizaba e interpretaba su mundo: con la ayuda de una dicotomía construida entre civilización y barabarie. Nosotros somos los herederos de éstas nociones, tanto de la clase que, con una increíble arrogancia, se consideraba la mediadora de la civilización, como también de los “primitivos”, que tenían que vivir dentro de conceptos culturales que los definían de ésta manera. ¿Que hemos hecho con esa herencia? Hoy en día no es raro oír comentarios que creen ser positivos al expresar que “ya no somos unos indios”. Esta frase quiere enunciar progreso, pero solo expresa racismo. Y, peor aún, formula una negación de lo que somos, o sea mestizos, y una negación de lo que se es no puede llevar sino a una “des-identidad”. ¿Queremos ser, como dice el dicho, europeos o gringos (o mexicanos), cualquier cosa menos lo que somos?

Para analizar la situación de identidad latinoamericana resulta muy adecuada la noción de Michel Foucault acerca de la “producción de la verdad”. Una cultura dominante en un contexto post-colonial, impone su versión de lo que es la verdad (en este caso los conceptos de civilización y barbarie) y esta verdad impuesta tiene el efecto de silenciar otra verdad (en este caso la del “hombre primitivo”). Al definir a un grupo de seres humanos de ésta manera y desde una posición de poder, éstos tienen pocas posibilidades de captar, hasta para sí mismos, su propia verdad. La Ilustración y su “producción de la verdad” constituyen el trasfondo para la construcción de las naciones en Latinoamérica.

Asi, a los países latinoamericanos se les define en un principio como “bárbaros” en necesidad de civilizarse. Siguiendo ésta lógica, la idea de modernización se convierte en un elemento clave en las nuevas naciones, y el nacionalismo que se crea se puede ver en parte como una reacción al desafío que significaba el imperativo de modernizar. Esta situación da como resultado uno de los componentes de la identidad en el continente: la imitación.

En contravía a este discurso y empezando en los años 70, los diferentes grupos étnicos logran formar una identidad colectiva, necesaria para luchar por reconocimiento. Demandan, no tanto justicia económica y social, sino el derecho a preservar su identidad cultural. Esta es una premisa que todas las agrupaciones políticas, la izquierda incluida, habían malentendido desde siempre. La Ilustración y todas sus corrientes herederas, desde el liberalismo hasta el comunismo, no brindaban otra forma de entender las diferentes culturas, como no fuera la de definirlas como bárbaras.

La demanda por reformas en Colombia culmina en la Constitución de 1991. La diversidad cultural y étnica es por primera vez oficialmente reconocida. Marco Palacios6 opina que esta constitución se puede considerar como un verdadero avance democrático representando un antídoto al ideal etnocéntrico de una nación blanca, por lo menos en teoría.

El Subdesarrollo

La doctrina del desarrollo7, que vivimos hoy, surge en las décadas del 50 y 60 del siglo XX y replica el mismo patrón ideológico de “civilización y barbarie”. Ahora ya no nos definimos como salvajes, sino que nos llamamos “subdesarrollados” o tercer mundistas. Si trasladamos este término a nivel individual, ¿que diríamos de una persona que se califique a si misma como subdesarrollada y que en muchos aspectos de su vida se compare con alguien que todo lo sabe mejor? ¡Diríamos que esta persona tiene serios problemas de autoestima y de identidad! Definirse a sí mismo siempre en referencia a una entidad exterior, conlleva el peligro de volver el ideal inalcanzable, porque nadie puede ser lo que no es. La imitación, aunque logre alcanzar la perfección, siempre será una imitación. El concepto del subdesarrollo se ha convertido en una parte natural de nuestra identidad. ¿Que consecuencias puede tener éste fenómeno cultural, fruto del colonialismo?

Nuestro aparente estado de subdesarrollo fomenta formas de subjetividad a través de las cuales las personas se reconocen a si mismas como subdesarrolladas. La psicóloga venezolana Maritza Montero8 describe una identidad “altercentrista”, que está basada en la preferencia, o la dominación en referencia a una entidad social exterior (un colectivo o un estado). Esta entidad exterior, especialmente si es un centro de poder, se convierte en la fuente de todo lo que es bueno y correcto. Al mismo tiempo, estas cualidades se niegan a la propia cultura. El resultado es una identidad que permite a los individuos reconocerse como parte de un grupo nacional, pero de una manera negativa. Así, el altercentrismo se puede ver como un fenómeno cultural que resulta de la orientación histórica hacia una autoridad externa al “nosotros” social. Montero en sus investigaciones ha llegado a la conclusión de que fenómenos tales como la corrupción pueden ser en parte fruto de procesos psicológicos que se derivan de la evaluación negativa del grupo nacional.

El altercentrismo puede desembocar en dos tipos de comportamientos, ambos extremos: 1) En la imitación de la cultura que sirve de modelo o 2) En la negación de la supuesta superioridad de la “fuente de civilización” y, en cambio, la exaltación de las virtudes autóctonas. Esta segunda posibilidad puede conducir al fundamentalismo, como ha sucedido, por ejemplo, en segmentos de la sociedad musulmana post-colonial. Ambas reacciones mantienen a la cultura occidental como el punto central para definirse a si mismas.

El vivir con una identidad altercentrista no excluye entonces al nacionalismo. Por lo contrario, en un país como Colombia, donde la idea del subdesarrollo hace parte de nuestra identidad (semi-conscientemente), hay una parte de nosotros que en compensación sale a defender nuestra identidad aporreada, llevando banderitas como pulseras en el brazo, o llorando de emoción cuando nos va bien en un partido de fútbol.

Hay que señalar que, como estará ponderando algún lector, es muy difícil pensar sobre las manifestaciones de lo que llamamos “subdesarrollo” (por ejemplo pobreza, analfabetismo, o atraso) en términos distintos a los que están enraizados en la dicotomía barbarismo/civilización. Estamos inmersos en esta forma de interpretar el mundo y es difícil salirse de estos esquemas. Difícil pero no imposible. Dichos esquemas no son más que componentes de lo que en psicología social se llama un “repertorio de interpretaciones”9. En este caso se trata de un repertorio que es relativamente nuevo pues tiene sus orígenes (aunque sus raices lleguen mucho mas atrás) en los años después de la segunda guerra mundial, como señala Arturo Escobar. Él decribe el proceso en el cual los conceptos que fijaban a la pobreza como la principal característica del „tercer mundo“y además definían al crecimiento económico como solución, se volvieron verdades universales y evidentes.

Hay numerosos autores que han estado reflexionando desde diferentes disciplinas y puntos geográficos sobre las formas en que se pueden cambiar las interpretaciones culturales que atañen al subdesarrollo. Walter Mignolo10, por ejemplo, nos señala la importancia que tienen los “saberes locales” que han estado surgiendo alrededor del mundo que contrarrestan los diseños universalistas actuales permitiendo el acceso a verdades propias sin caer en fundamentalismos. Arturo Escobar deduce que son las prácticas que resultan de la doctrina del desarrollo en sí, las culpables de fenómenos tales como el hambre y la miseria, factores que llamamos en conjunto “subdesarrollo”. Se podría, en suma, hablar de los damnificados de las realciones de poder durante la colonización y también de la globalización en vez de hablar de subdesarrollados.

La ideología del desarrollo interpreta a las culturas no europeas como fases intermedias que hay que dejar atrás, para alcanzar el anhelado desarrollo. Se pretende reducir el patrimonio cultural humano a las fórmulas universalistas que nacieron en Europa. Hablar de desarrollo de acuerdo con estas fórmulas es un sin sentido, pues el desarrollo solo puede considerarse dentro de parámetros culturales concretos, (el concepto de desarrollo para un hindú es algo muy diferente al de un polinesio). Desarrollarse con un modelo universal como meta implica que las personas tienen que dejar de ser los que son, o sea cambiar su cultura, para adoptar otra que se considera implícitamente mejor. Estas son ideas etnocentristas, que están hoy totalmente revaluadas.

No estamos condenados a perpetuar un modelo que procede de afuera. Solo será así, si no tomamos conciencia de nuestra identidad. Existe la posibilidad, sin embargo, de integrar satisfactoriamente nuestra herencia multi-cultural, aceptándonos como un país de mestizos, con una riqueza cultural extraordinaria, y al mismo tiempo reconocer nuestra historia de colonialismo y de racismo, que ha marcado profundamente la visión de lo que somos. Pues en realidad no somos solo hispanos, somos, en parte por lo menos, “unos indios”, y también unos afro-colombianos. En Colombia se ha reconocido ya el derecho de existir a “otras” culturas. “Ser colombianos” implica el reconocimiento de nuestra realidad multi-cultural, que no puede ser definida como subdesarrollo. El reconocer lo que se es puede dar la fuerza que nos permita buscar un camino propio para resolver las dificultades que afrontamos.

1 Anderson, Benedict (1983/1991). Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. London: Verso.

2 en Tiempo Nublado (1986)

3 Martínez, F. (2001). El nacionalismo Cosmopolita. La influencia europea en la construcción nacional en Colombia 1845-1900. Bogotá: Banco de la República.

4 Bhabha, Homi. (1994). The Location of Culture. London: Routledge.

5 en Wills Obregón, M.E. (2002). De la nación católica a la nación multicultural: rupturas y desafíos. In: Sánchez Gómez, Gonzalo & Wills Obregón, María Emma (Eds.). Museo, Memoria y Nación. Memorias del Simposio Internacional y IV Cátedra Anuual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Bogotá: Ministerio de Cultura., p. 393

6 Palacios, M. (2002). La clase más ruidosa y otros ensayos sobre política e historia. Bogotá: Norma.

7 Ver Escobar, Arturo. (1995). Encountering Development. The Making and Unmaking of the Third World. Princeton: Princeton University Press

8 Montero, M. (1984). Ideología, alenación e identidad nacional: una aproximación psicosocial al ser venezolano. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

9 Gilbert & Mulkay 1984

10 en su obra Local Histories/ Global Designs (2000)

The role of mythical European heritage in the construction of Colombian national identity.

Gisela Ruiseco & Thomas Slunecko

Published in Journal of Language and Politics, 5:3, 2006

Abstract:

Following the discourse-historical approach to Critical Discourse Analysis (Wodak, de Cilia, Reisigl & Liebhart 1999; Wodak, 2001), we analyze the inaugural speech of the actual president of Colombia, Álvaro Uribe Vélez, which he delivered on August, 7th 2002 in Bogotá. We take this speech as an illustration for the construction of national identity by the Colombian elites. In our analysis, we are particularly interested in Uribe´s strategy of referring to the European heritage and in his ways of appeasing the cultural and ethnic differences of the population.  

http://benjamins.com/#catalog/journals/jlp.5.3/main

Los Transgénicos y el Hambre

Por Gisela Ruiseco Galvis, Enero, 2007

La agricultura transgénica ha entrado a Colombia triunfalmente. Según sus defensores podría ser un arma para combatir el hambre.

Se parte aquí de una hipótesis implícita (a la Malthus): de que el hambre se debe a la falta de comida. Sin embargo, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), en el mundo se producen una y media veces más alimentos de los que se necesitan, a pesar de lo cual una de cada siete personas sufre de hambre. El problema entonces es el acceso a los alimentos, y los transgénicos no van a mejorar la situación. Veamos el caso de Argentina, país que produce transgénicos a gran escala. Según Greenpeace, Argentina exporta millones de toneladas de soya transgénica sin que esto incida en el problema del hambre.

Las soluciones tecnológicas enmascaran las complejas causas socio-económicas del hambre como son la creciente marginalización de sectores de la población o el régimen de comercio injusto caracterizado por exportaciones subsidiadas y el dumping legalizado por la OMC (Organización Mundial de Comercio), factores que arruinan el agro de países sin poder de negociación (léase tercermundistas).

Los transgénicos resultan interesantes desde el mundo abstracto de un laboratorio. Pero el mundo concreto funciona adentro de la lógica del capitalismo neoliberal. Resulta aterrador que algo tan básico como el acceso a semillas pueda llegar a ser controlado por multinacionales como Montsanto (creadora de las semillas suicidas), Bayer/Aventis, Syngenta o DuPont. Entidades cuya razón de existencia no es precisamente velar por el bienestar humano.

Otro problema con los productos y la agricultura transgénica es que su seguridad para la salud y para el medio ambiente no ha sido adecuadamente investigada. La British Medical Association, o la Union of Concerned Scientist, entre otras, han alertado sobre posibles riesgos. Por ejemplo, según Gregorio Álvaro, profesor de Ingeniería Química (UAB, España), la utilización de genes de resistencia a antibióticos podría aportar riesgos para el consumo humano, los genes foráneos introducidos podrían causar alergias alimentarias, también existe el riesgo de la producción de sustancias tóxicas no previstas en las plantas transgénicas. Especialmente hay que señalar los fenómenos de contaminación genética por polinización cruzada. Según Greenpeace, los transgenicos ponen en peligro la agricultura sostenible, la vida salvaje y la biodiversidad. Y la diversidad genética es justamente lo que nos protege de catástrofes alimentarias. Lo peor es que para cuando sepamos como se van a cristalizar estos riesgos será ya demasiado tarde, la introducción de los transgénicos en el ecosistema es un camino sin retorno.

En Colombia hace falta un espíritu mas crítico, en otras partes del mundo la agricultura transgénica está siendo muy cuestionada.

Sabía usted que:

Los EEUU atan su ayuda al SIDA en Africa a la condición que los países acepten ayudas alimenticias transgénicas?

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