Por la vida, por los insectos

Hoy, después de unos setenta años desde los comienzos de la llamada “revolución verde”, sigue vigente la creencia de que para alimentarnos es necesario practicar el tipo de agricultura que todavía consideramos moderna: monocultivos extensivos y mecanizados, agroquímicos y semillas transgénicas. Puede ser difícil de aceptar, pero nos hemos equivocado. Hasta las Naciones Unidas ha dictaminado que la única manera de alimentarnos a futuro va a ser a través de pequeños agricultores. Los saberes desarrollados en la agroecología serán fundamentales.

El relato de la revolución verde, como todo paradigma, sufre de puntos ciegos. Para referirnos solo a uno: nos hemos dedicado a envenenar insectos sin ver que son fundamentales para nuestra supervivencia. No habíamos percibido la importancia de la salud de los suelos, basada en un normalmente riquísimo hábitat de múltiples organismos que fomentan la disponibilidad de nutrientes, regulan la materia orgánica en la tierra y el almacenamiento del agua, modificando su estructura física. Inicialmente, los métodos de la agricultura industrial parecían mejorar la productividad; hoy, aniquilada la vida, quedan anuladas estas mejoras por la degradación del suelo resultante. Ni hablar de la importancia de la abejas para la polinización, un tema más conocido. Impedidos por una arrogante ignorancia, solo ahora vemos los letales efectos de nuestras acciones. Como titula el New York Times: el Apocalipsis de los insectos ya está aquí.

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Desde este punto de vista resulta grotesco un equipo de gobierno que todavía defiende, ya no solo la agricultura industrial, sino desatinos como la aspersión con glifosato o el fracking. El glifosato no debería considerarse como opción, de ninguna manera, ni siquiera si tuviera algún chance de acabar con las siembras ilícitas. En un momento de alarma global la prioridad es no seguir rociando venenos. El gobierno colombiano va a contracorriente del cambio necesario. Seguiremos rodando hacia el abismo si seguimos votando a personajes que triunfan con sus lemas de miedo, distrayendo de sus políticas continuistas, desbocadas en codicia e incrustadas en ideologías caducas.

Publicado en Vanguardia Liberal Marzo 16/ 2019

https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/por-la-vida-por-los-insectos-EK639789

 

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De ríos, arrogancias e indignación

Corren tiempos de autodestrucción masiva, pues destruir la naturaleza es destruirnos. Como reacción tendríamos que proteger cada reducto de vida salvaje que queda. Y empezar a mirarnos, no como supuesto tercer mundo a desarrollar, sino como país especialmente rico en naturaleza, de exuberancia tropical. Y rico en personas que están arraigadas a la tierra con un tipo de conocimiento distinto al agroindustrial, que la cuida hasta con su vida. Pero no, mas bien nos quedamos admirados ante el gigantismo de megaproyectos, ilusionados con que ahora sí, ya casi, seremos como los países desarrollados.

Reproduzco aquí unas palabras de José María Samper, escritor y político liberal, una voz del imaginario de su tiempo, describiendo una escena en el río Magdalena (1868). Escuchemos de dónde venimos para entender lo que somos:

Allá (en la balsa) el hombre primitivo, brutal, indolente, semisalvaje… es decir, el boga colombiano con toda su insolencia (…), su cobarde petulancia, su indolencia increíble (); y más acá (en el buque de vapor) el europeo, activo, inteligente, blanco y elegante, muchas veces rubio, con su mirada penetrante y poética… (1)

Somos los herederos de una sociedad de castas en la que los criollos creían tener la tarea de imponer la civilización a la otra parte de la población. Y así, ¿qué posibilidad hay de que se escuche a esa otra parte? Nuestro modo de entender el progreso deja poco espacio para valores democráticos.

Hoy, los movimientos sociales y ambientales en defensa del territorio se ven como enemigos del progreso, incluso se criminalizan. Nunca se consideran interlocutores. En Hidroituango se han atropellado las justas protestas de los afectados y ninguneado la escandalosa serie del perjuicios sufridos. Muchas veces fue el Esmad, con violencia, el que representó al Estado.

La arrogancia histórica, además, se enreda con la codicia, bendecida por nuestro actual sistema económico. Se enreda también con abismos tenebrosos: los cientos de fosas comunes sepultadas bajo la represa. “Inundaron la memoria”, en palabras de habitantes de la zona.

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(1) Wills Obregón, M.E. (2002). De la nación católica a la nación multicultural: rupturas y desafíos. En: Sánchez Gómez, Gonzalo & Wills Obregón, María Emma (Eds.). Museo, Memoria y Nación. Memorias del Simposio Internacional y IV Cátedra Anuual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Bogotá: Ministerio de Cultura.

Publicado en Vanguardia Liberal el Sábado 16 de febrero, 2019. https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/de-rios-arrogancias-e-indignacion-FA507766

El Amazonas o nuestros prejuicios

Me quedé de piedra al leer unas frases de Stefan Zweig, un autor que me encanta, en el libro “Momentos estelares de la humanidad”. Con autores de pasadas generaciones muchas veces sucede que la distancia temporal visibiliza el imaginario de su época y con ello sus hondos prejuicios. Dice al terminar su relato sobre Nuñez de Balboa: “… se apaga para siempre la mirada que fue la primera de toda la humanidad en contemplar al mismo tiempo los dos océanos que abarcan nuestra tierra”. Zweig tiene perfectamente claro que los nativos ya habían visto el océano “descubierto”, pero no se le ocurre que ellos son parte de la humanidad. El nativo es invisible para un europeo humanista como Zweig.

Volviendo al presente me quedé otra vez de piedra al ver en un documental los mapas que muestran el avance de la destrucción de la selva amazónica. El 20% de la selva está ya arrasada, el 65% de la destrucción es para poner ganado, pues el patrón de consumo de la clase media occidental –el apetito de carne– crece alarmantemente. En medio de estas zonas rojas hay enclaves verdes. Son los resguardos indígenas, nos explica el documental. Esos mismos que ahora con Bolsonaro peligran.

Sobre el Amazonas y para quedarnos boquiabiertos: Una investigación multidisciplinaria (liderada por S.Y. Maezumi de la universidad de Exeter, Inglaterra), ha llegado a la conclusión de que la selva amazónica no es naturaleza virgen, sino que es producto de la gestión del ser humano: se trata de un gigantesco “bosque comestible” ¡cultivado hace 4,500 años! Este modelo podría ser de ayuda en nuestra búsqueda de una nueva manera de entender la agricultura.

A menos de cien años de los textos de Zweig y enfrentando nuestra autodefinición occidental como los civilizados, nos topamos con un poderoso saber indígena. Se hace necesario cuestionar nuestros esquemas culturales. Los nativos americanos están ayudando a contrarrestar la destrucción del planeta y no es desde una posición de premodernidad.

Publicado en Vanguardia Liberal el sábado 8 de diciembre/ 2 018

De bacterias y hongos

Hemos perdido consciencia de los elementos y procesos que nos permiten vivir. Tomemos por ejemplo la agricultura. Antes, y todavía en algunos sitios, esta funcionaba en un ciclo perfecto: los desechos humanos y agrícolas se usaban, entre otras cosas, para alimentar la tierra y sus habitantes –desde las minúsculas bacterias hasta las gigantescas redes de hongos– que, hoy lo sabemos, son responsables de mantenerla viva y fértil. Y volvían a crecer los alimentos. Recientemente, rompimos ese ciclo milenario y lo cambiamos, con la arrogancia propia de nuestra cultura occidental, por una cadena lineal absurda. Para “fertilizar”, se aplican agrotóxicos producidos en fábricas, bajo la creencia (falsa) de que podemos seguir cultivando indefinidamente en el polvo muerto resultante. Los desechos no encuentran el camino de vuelta, pues además son tóxicos, estorban y van a parar a otro lado causando costos y daños considerables.

Estas prácticas irracionales nos están pasando factura. Para quedarnos con el tema suelos, y según un estudio de la ONU (Perspectiva Global de la Tierra), un tercio de los suelos de nuestro planeta está severamente degradado, y la causa principal es ¡la expansión de la agricultura industrial! Es alarmante esta cifra: incluso sin degradación necesitaríamos varios planetas para aguantar un consumo al estilo occidental de la población mundial creciente.

Queda claro que debemos reinventar nuestros esquemas agrícolas. De esto se encarga, entre otras disciplinas, la agroecología, cuya meta es diseñar sistemas agrícolas que sean sostenibles. Esta ciencia además procura trabajar mano a mano con la sabiduría ancestral de los que trabajan la tierra y conocen sus ciclos. Cabe destacar que en este campo hay una eminente científica colombiana que trabaja en Berkley, EE.UU.: Clara Inés Nicholls. Justamente en Colombia, y siguiendo los impulsos provenientes de las Naciones Unidas para destacar la importancia de la agricultura campesina, esta hoy retoma el lugar y la dignidad que le corresponde con la consolidación de la Red Nacional de Agricultura Familiar, Renaf.

A propósito: ¡no al uso del glifosato!

Publicado en Vanguardia Liberal, sábado 4 de agsto de 2018:

http://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/440973-de-bacterias-y-hongos

 

Las soledades de Colombia

Por Gisela Ruiseco Galvis

Publicado en Vanguardia Liberal. Mayo 5/ 2018

En Colombia se ha llegado a un absurdo en el que se confunde el defender la necesidad de reformas múltiples con tener inclinaciones comunistas. Esta confusión puede venir, mas allá del miedo y de la polarización atizados por ciertos políticos, de una particular miopía causada por lo que Bolívar llamó (y García Márquez retomó): “las soledades de Colombia”. La ciudad está fraccionada en estratos insalvables; la ciudad y el campo mal conviven a años luz de distancia psicológica.

Cualquier estudio serio clama por reformas. El Fondo Monetario Internacional reconoce que la alta concentración del ingreso constituye el peor problema de América Latina; y Colombia ocupa el segundo lugar con mayor desigualdad (2014). Enfocándonos en la tenencia de tierras: se trata de un país donde el 25% de los propietarios es el dueño del 95% de la tierra, donde el 64% de los hogares campesinos no tienen acceso a la tierra, y donde la estructura de ésta todavía proviene de la colonia (IGAC). Si además consideramos la re-concentración de tierras sufrida tras décadas de desplazamientos forzados (las soledades permiten ignorar el drama), está claro que una reforma agraria es urgente.

Asusta entonces que algunos candidatos desestimen la grave problemática del campo, como lo hace I. Duque en su programa, reduciéndola a “la informalidad”. El mismo término “informalidad” está siendo cuestionado: la FAO ha reconocido la importancia de la “agricultura familiar” (¡nueva categoría política!) para la seguridad alimentaria, para la generación de empleo y la preservación de las culturas y el medio ambiente (ver Red Nacional de Agricultura Familiar: RENAF). Ya se está trabajando en Colombia la convivencia de este tipo de agricultura, que es la que nos alimenta, con la agroindustria. Una esperanza para comenzar a curar la herida, la deuda, que tenemos con el campo. A un colombiano citadino le puedo doler más un atentado terrorista en París que una masacre en su propio territorio. Que esto pertenezca al pasado, sería hora de acompañar las soledades.

 

Orgánico … ¿o criollo?

Publicado el sábado 20 de enero en Vanguardia Liberal

Parece una moda: la comida “orgánica”. Una moda llegada del extranjero y solo accesible a pocos bolsillos. Se trata de productos sin agrotóxicos provenientes de pequeños agricultores y de cercanía. Pero un momento … ¿no recuerdan estas características a las de los alimentos llamados “criollos”? Resulta que en países industrializados, con una agroindustria omnipresente, prácticamente no existe el equivalente a “criollo”. Allí lo orgánico como novedad en su momento necesitaba rotulación acorde. Y estas rotulaciones nos llegan y encajan como pueden en nuestra propia realidad. Desde el extranjero se redefine algo muy parecido a “lo criollo” como algo especial, saludable y hasta chic.

“No creo en eso” o “Cosas raras que se inventan en los países ricos”, dirán algunos. Y sin embargo, la cosa rara que se inventaron los países enriquecidos es la agricultura industrial basada en agroquímicos: alimentos con a veces alarmantes grados de contaminación, con pérdida de nutrientes, que dejan tras de sí una estela de destrucción ambiental en su producción y distribución, amén de la ineficiencia energética de su producción basada en combustibles fósiles (ver por ej. los análisis de Joan M. Alier). Productos como el huevo o el pollo orgánico en cambio, esos se parecen mucho mas a los de toda la vida (al igual que su costo justo). Pero dejamos de creer en lo criollo, para creer en las bellezas perfectas que nos venden en el supermercado, lamentablemente sin etiqueta adicional que indique la cantidad de agroquímicos que llevan adosados.

Imaginamos lo “criollo” como destinado a dejar de existir, junto con el campesinado que lo produce, cuando llegue el improbable momento de ser un país “desarrollado”. Sería hora de entender que este campesinado, lejos de representar atraso, es portador de una reserva de saberes que ya se están teniendo en cuenta en investigaciones agroecológicas (ver por ejemplo Clara I. Nicholls o Victor M. Toledo). Pues efectivamente parece posible inventarnos una agricultura que alimente al mundo sin destrozarlo en el intento.

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Mercado campesino de Acuarela, Los Santos, Santander, Colombia

Sobre pelos, normas y agricultura

Sobre pelos, normas y agricultura

Diciembre 2013

Pelos muy lindos hay en mi país. Caminando por centros comerciales, lugar de encuentros y ocio, se ven las cabelleras femeninas disciplinadamente cuidadas, pelos lacios perfectos y brillantes … donde se nota que hay blower de por medio. ¡Que mujeres tan cuidadas y arregladas! No dejo de preguntarme como hacen, de donde sacan el tiempo, para poder quedar así todos los días.

Eso sí: ay de quien pretenda mantener su cabeza ondulada, crespa o similar (si nació con esta aparente desgracia) e intente buscar un corte de pelo que se ajuste a su cabellera. Se encontrará con una peluquera atónita, como me ha sucedido mas de una vez … querer ajustar el corte o peinado al tipo de pelo resulta una idea muy extraña. Pues lo normal es amansar, disciplinar, forzar, el pelo, valiéndose de mil artimañas conocidas.

El impulso es conducir lo que “hay” hacia la norma, no se llegan a considerar las propias características para ajustarse a ellas, o a inventar según la necesidad, a apreciar lo particular. No. Lo importante es parecerse en lo posible a un ideal. Y esta lógica se puede trasponer a cualquier característica física. Ni pechos pequeños, ni tez oscura, ni baja estatura; se rechaza alguna redondez en el lugar equivocado o una nariz con personalidad propIa. Con las secuelas que ya conocemos: trastornos alimenticios, epidemia de cirugías estéticas … Y aquí no vamos a empezar a hablar de la narco- estética femenina impuesta por el dinero fácil, eso ya sería otro tema.

Leemos en P. Bourdieu y sus investigaciones sobre clases sociales en Francia (La Distinción), que son las mujeres de la clase pequeño burguesa las que tienen más necesidad de ajustarse a una norma. Son las que se hacen más operaciones y emplean mas tiempo en cambiar su aspecto. Ellas están, como característica del habitus pequeño burgués, en constante carrera por parecerse a la gran burguesía. Pues el querer cambiar lo propio implica que hay una meta externa, un querer parecerse a, o un alejarse de si mismo. Se crea un vacío eterno entre lo que se es y lo que se debería ser. Esto imposibilita ver lo maravilloso de la diversidad, de lo particular de cada uno.

Por un lado entonces tenemos que las normas de lo que “se usa” no permiten mucha variabilidad: los peinados que están “de moda” son pocos. Por el otro lado vemos también que hay una dirección concreta de la norma: una alergia a lo indisciplinado, a lo natural, pues lo natural es diverso y los gustos propios serían diversos. Las mujeres se ven muy “producidas” y trabajadas.

Podemos también reflexionar que ese estilo que ignora la diversidad y la quiere ajustar a lo que debe ser se puede observar en muchos ámbitos. Un sistema cultural cuyo modus operandi es imponer normas en vez de mirar lo particular, las necesidades de lo local, no puede más que ser agresivo contra ese particular que quiere erradicar. Lo que se hace en nuestras cabezas femeninas se puede comparar con lo que se le hace a la tierra. En la agricultura convencional moderna es irrelevante mirar si aquí crece mejor tal o cual tipo de maíz, pues el punto de vista es, al igual que cuando domamos el pelo: como forzamos todas las circunstancias para que aquí crezca el tipo de maíz que se impone. Cuales y cuantos químicos hay que poner para que crezca x semilla industrial, no importa las características locales, ni la sabiduría campesina que conoce cual semilla se da allí mejor- cuidadosamente ajustada en su evolución al suelo, a la cantidad de agua, clima, etc. No. La agricultura industrial fuerza, obliga al suelo a ajustarse, sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo…

Será que vivimos en una cultura que simplemente ama lo artificial y desdeña lo que “hay”?

Otro capítulo, otra ciudad: Aquí existe una curiosa peluquera, que proviene de otro continente. Este personaje corta el pelo según lo que el pelo quiera hacer. En vez de ajustar y forzar lo particular, lo mira, lo admira, lo consiente y lo deja guiar. ¡Que refrescante! Haberla encontrado antes…

Los Transgénicos y el Hambre

Por Gisela Ruiseco Galvis, Enero, 2007

La agricultura transgénica ha entrado a Colombia triunfalmente. Según sus defensores podría ser un arma para combatir el hambre.

Se parte aquí de una hipótesis implícita (a la Malthus): de que el hambre se debe a la falta de comida. Sin embargo, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), en el mundo se producen una y media veces más alimentos de los que se necesitan, a pesar de lo cual una de cada siete personas sufre de hambre. El problema entonces es el acceso a los alimentos, y los transgénicos no van a mejorar la situación. Veamos el caso de Argentina, país que produce transgénicos a gran escala. Según Greenpeace, Argentina exporta millones de toneladas de soya transgénica sin que esto incida en el problema del hambre.

Las soluciones tecnológicas enmascaran las complejas causas socio-económicas del hambre como son la creciente marginalización de sectores de la población o el régimen de comercio injusto caracterizado por exportaciones subsidiadas y el dumping legalizado por la OMC (Organización Mundial de Comercio), factores que arruinan el agro de países sin poder de negociación (léase tercermundistas).

Los transgénicos resultan interesantes desde el mundo abstracto de un laboratorio. Pero el mundo concreto funciona adentro de la lógica del capitalismo neoliberal. Resulta aterrador que algo tan básico como el acceso a semillas pueda llegar a ser controlado por multinacionales como Montsanto (creadora de las semillas suicidas), Bayer/Aventis, Syngenta o DuPont. Entidades cuya razón de existencia no es precisamente velar por el bienestar humano.

Otro problema con los productos y la agricultura transgénica es que su seguridad para la salud y para el medio ambiente no ha sido adecuadamente investigada. La British Medical Association, o la Union of Concerned Scientist, entre otras, han alertado sobre posibles riesgos. Por ejemplo, según Gregorio Álvaro, profesor de Ingeniería Química (UAB, España), la utilización de genes de resistencia a antibióticos podría aportar riesgos para el consumo humano, los genes foráneos introducidos podrían causar alergias alimentarias, también existe el riesgo de la producción de sustancias tóxicas no previstas en las plantas transgénicas. Especialmente hay que señalar los fenómenos de contaminación genética por polinización cruzada. Según Greenpeace, los transgenicos ponen en peligro la agricultura sostenible, la vida salvaje y la biodiversidad. Y la diversidad genética es justamente lo que nos protege de catástrofes alimentarias. Lo peor es que para cuando sepamos como se van a cristalizar estos riesgos será ya demasiado tarde, la introducción de los transgénicos en el ecosistema es un camino sin retorno.

En Colombia hace falta un espíritu mas crítico, en otras partes del mundo la agricultura transgénica está siendo muy cuestionada.

Sabía usted que:

Los EEUU atan su ayuda al SIDA en Africa a la condición que los países acepten ayudas alimenticias transgénicas?

Sigue la cronica de un desastre anunciado

27 Agosto 2013

Me impresiona como se puede ignorar la justificadísima protesta de miles y miles, como se puede menospreciar, ningunear, a tantas personas afectadas en su supervivencia, y solamente criticar los efectos negativos de su protesta. Protesta que seguramente llegó de manera desesperada después de haber agotado todos los otros medios posibles, pues acaso llegarían a los medios, o tendrían algun efecto, unas cartitas de unos ‘simples’ campesinos? El país, ese que se ve en los medios y que se conversa en las ciudades, en los clubes, es demasiado arrogante como para hacerle caso a una población tan lejana como la campesina. Y cuando los boyacenses se quejan son contundentes, la última vez parece que fue aquella lejana en la que se venció a España y se logró la independencia.

Lamentablemente solo con los paros cobraron visibilidad, y se sentó Santos a hablar.

Pero que se podrá negociar en medio de, repito, la gran arrogancia de aquellos que poseen la absoluta verdad acerca de lo que le conviene al país ? Aquellos que ven al paisito en un futuro brillante, como país desarrollado, lleno de mega-agronegocios, que cultivan valiosísimas mercancías de exportación, basadas en semillas ‘certificadas’, y de hipereficiencia estudiada …

Hace ya años se decidió, los que negociaban el gran pacto brillante de libre comercio, que se iba a sacrificar tal o cual sector, pues a cambio iban a haber grandes ganancias para las exportaciones para algún otro sector. Y eso compensaría. Se olvidaron que no se sacrificaban sectores sino personas, y que esas personas perderían su medio de subsistencia, y que la responsabilidad de un país, de un gobierno es cuidar de sus gentes, de que puedan vivir su día a día.

Pero, ay, será que es necesario sacrificar en nombre del progreso? Será que proteger a campesinos, a su cultivo de simple comida (que atrasados, cultivar solo para comer) va en contra del desarrollo? El brillante futuro: llenarnos de pollos llenos de hormonas, maices transgénicos de dudosos efectos, cerdos que nunca aprendieron a caminar y cuya desesperación nos comemos, semillas desechadas y perdidas para siempre… Y agua que ya no se podrá beber…

El maíz en Colombia o como destruir la seguridad alimentaria

Octubre, 2012

El maíz es uno de los elementos básicos de la alimentación en Colombia, primordial para la seguridad alimentaria. Hasta principios de la década de los 90, Colombia era auto-suficiente en producción de maíz (amarillo). Esta autosuficiencia se terminó como efecto de la aplicación de las reformas estructurales del Consenso de Washington, con la rebaja de aranceles (Delgado). En el 2011, se importaba el 85% del maiz consumido en Colombia (El Universal, 2011). En ese año, el estado colombiano pone un plan en marcha con la meta de “fortalecer la seguridad alimentaria en Colombia” (Gobierno, 2011). El plan “país maíz” se introduce para incentivar la siembra de maíz tecnificado, con el fin de disminuir la dependencia de las importaciones. Tiene como meta además: “mayor uso de semilla certificada (híbridos y transgénicos)” (Ministerio, 2012).

La política estatal de fomentos, como se puede ver con el plan “país maiz”, está dirigida hacia los medianos y grandes productores que utilizan tecnologías avanzadas, incluyendo semillas transgénicas. Sólo los “grandes agricultores tecnificados podrían competir en un mercado totalmente distorsionado por los subsidios de los países del Norte” (Salgar, 2005).

En el sistema tradicional de cultivo, hay poca mecanización y poco uso de agroquímicos. Los rendimientos son bajos, ya que las tierras no son buenas, al contrario que las tierras usadas en el sistema tecnificado. Las siembras se hacen en asociaciación con fríjol, papa, haba y arveja, usando como cultivo de rotación el trigo y la papa, o con yuca, café, cacao, plátano y fríjol según la zona. Así, a pesar de las condiciones extremadamente limitantes en las que se hace el cultivo de maíz por los pequeños productores, paradójicamente son ellos quienes suministran el alimento a las regiones. La producción tecnificada está destinada en su mayoría a suplir la industria alimenticia y de concentrados para animales.

Con la entrada en vigor del TLC (Tratado de libre comercio Colombia-EEUU) en mayo del 2012 se espera un nuevo capítulo de lo que sucedió a principios de los ’90. Por un lado, están los EEUU: Allí el 81% de las exportaciones de maíz están controladas por 4 grandes firmas, las cuales son las que se han globalizado y tienen acceso a diferentes mercados; además muchas cubren diferentes etapas de la producción, aparte del comercio. Todo esto permite que mantengan los precios internacionales a un nivel muy bajo y practiquen el dumping. EEUU exporta maíz por debajo de los costos de producción (en el 2002 era un 13% por debajo) (Bejarano, 2004/2005, p.13). Por el otro lado, en Colombia, las importaciones de maíz tendrán arancel 0 desde el primer año (Delgado).

Los efectos del TLC pronto empezarán a notarse y el panorama no es alentador. Sin embargo, en Colombia también hay otra corriente, la de comunidades y organizaciones locales, productores agroecológicos, que están adelantando acciones para la defensa de la biodiversidad (23 razas diferentes de maiz!) (Salgar, 2005), y actuando para un cambio.

Bibliografía

Bejarano Barrera, Edgar. 2004/2005. La agricultura colombiana y el TLC con Estados Unidos. Oasis, Nr. 10. Bogotá: Universidad externado de Colombia. pp.279-297. http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=53101016

Delgado M. , William. (extraído Oct. 2012) TLC Colombia-Estados Unidos y su incidencia en el sector agricola.

http://www.eumed.net/eve/resum/o6-03/wdm.htm

Gobierno de Colombia (abril, 2011). MinAgricultura puso en marcha el plan ‘País Maíz’, para fortalecer la seguridad alimentaria de Colombia. http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2011/Abril/Paginas/20110402_06.aspx

Ministerio de Agricultura. 21.7.2012. Monumental sequía reduce considerablemente producción de maíz de EEUU. Colombia se favorece

http://www.minagricultura.gov.co/inicio/noticias.aspx?idNoticia=1590

Salgar, Lina María. 2005. El cultivo de maiz en Colombia. Semillas, Nr. 22/23.

http://www.semillas.org.co/sitio.shtml?apc=c1a1–&x=20154614

El Universal. 2 octubre 2011. País Maiz sigue espigando.

http://www.eluniversal.com.co/cartagena/economica/pais-maiz-sigue-espigando-4654

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