Muertes anunciadas

Son ya más de dos años desde que los colombianos votaron el tratado de paz de La Habana. Algunos no dudamos en apostar por la paz aunque había razones para mantenernos escépticos (no precisamente las que esgrimía el uribismo). Por ejemplo: ¿que iba a suceder con los territorios desocupados por la guerrilla que quedarían a merced de cualquier fuerza criminal?

Al llegar al gobierno el partido responsable de la (emocionalización de la) campaña del No, muchos temimos que quedara en el limbo lo que debería haber sido un gran esfuerzo nacional para aplicar el acuerdo. Solo para mencionar algunos temas, como el de la restitución de tierras o el de la sustitución de cultivos ilegales, el Centro Democrático defendía y defiende políticas contrarias a las del tratado. Sigue apoyando primordialmente la agricultura industrial y ninguneando la agricultura familiar, además de creer que logrará algo envenenando al país con glifosato.

Solo durante la primera semana de este año fueron asesinados seis líderes sociales. Ellos son primera línea de fuego de una batalla (lamentable pero adecuada metáfora de guerra) que debería ser la del Gobierno; muchos son asesinados precisamente por tomar parte en procesos del acuerdo de paz, trabajando con organismos estatales y defendiendo la legalidad. Ojalá la prensa nos acercara más las vidas e historias de los líderes sociales amenazados. Como Maritza Quiroz Leyva, asesinato simbólico si cabe: le habían restituido su tierra después de sufrir no solo el desplazamiento forzado sino el asesinato de su esposo. Maritza, líder afrodescendiente que participaba del plan de desarrollo PDET de los acuerdos de paz, comenzaba de nuevo. Iba a cultivar su tierra a pesar del peligro que corría.

Cada líder social que pierde Colombia es un paso atrás en la construcción de paz. ¿Hay algo más digno de defender que estas personas quienes, a pesar de haber sufrido injusticias y tragedias desmedidas, siguen luchando por su comunidad? El Estado debe honrar de inmediato las responsabilidades adquiridas al firmar el tratado de paz.

Publicado el 19 de enero/ 2019.

https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/muertes-anunciadas-BB322773

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Rebeldía

Como dice la pensadora Carolin Emcke en su obra “Contra el odio”, lo importante en estos tiempos es mantener la esperanza y seguir actuando a favor de un cambio. En el 2018 pareciera que la manipulación y el odio ganaron la partida, como si la situación del planeta y de sus habitantes no fuera suficiente para encogernos el corazón.

Hablemos de Bolsonaro, caso extremo que visibiliza la situación global. Asume la presidencia en Brasil gracias a evangélicos ultraconservadores y a campañas de noticias falsas. Los detalles ilustran: hay solo dos mujeres en su gabinete. Una, la ministra de agricultura, fue lobista para la gran agroindustria (¿RIP Amazonas?). La otra es de la educación, y adelantará el alarmante proyecto “escuelas sin partido” (sí, tienen humor): por ejemplo, quieren acabar con la educación sexual en los colegios. Iríamos rumbo al siglo XIX si no fuera porque el lamentable estado del planeta es el del siglo XXI. No por coincidencia la economía continuará bajando el nivel de vida de las mayorías y arrasando con la vida misma. El círculo se cierra: la culpa recaerá en colectivos que “destaquen y estén desprotegidos”, como precisaron Adorno/Horkheimer.

Nos gusta entretenernos con los males ajenos pero… fueron los mismos evangélicos ultraconservadores los que con la ridícula “ideología de género” ayudaron a implantar en Colombia el miedo y el odio al tratado de paz. Es Colombia la que recientemente se abstuvo de votar a favor de la Declaración de los Derechos de los Campesinos de la ONU, la Colombia del sector agrario destrozado y la de un alarmante récord de violaciones de derechos humanos; la misma que no se indignó con la campaña en favor de “votar berracos” y que eligió a los manipuladores, al continuismo destructor.

¿Esperanza? Sí, en lo pequeño que construimos cada día. Actuemos para que cada vez más nos podamos desligar de las mentiras y del odio. Que el 2019 sea un año de rebeldía y de solidaridad.

Publicado el 5 de enero/ 2019 en Vanguardia Liberal

Migración

¿La inmigración es un problema? Sí, para los migrantes, los que lo dejan todo. Decir que estamos a favor o en contra de la inmigración es irrelevante, pues esta es parte de nuestra condición en el globo terráqueo. Las personas siempre se han movido, siempre han escapado al conflicto, a la escasez o han buscado algo mejor. Querer detener la inmigración es condenar a la ilegalidad a las personas que seguirán cruzando fronteras. Es ver solo el síntoma y no la causa; es practicar un egoísmo desalmado y, en tiempos globalizados, irreal.

En el norte global, el rechazo a la inmigración, fomentado por partidos de extrema derecha, crece cada vez mas. El racismo pierde su vergüenza, sirve bien a los intereses de políticos que buscan chivos expiatorios para los complejos problemas que nos aquejan hoy. Muchos de los refugiados huyen de guerras en las que los mismos gobiernos antiinmigración están metidos hasta la médula. Hay también refugiados de nuestro sistema económico globalizado, el cual se ha encargado de empobrecer algunos países. Se me viene a la mente la imagen de los tomates europeos subsidiados vendiéndose en países africanos y arruinando a sus campesinos, situación anclada en la flexibilidad del “mercado libre” de productos y dinero, convertido en inflexibilidad cuando los que cruzan fronteras son personas. Esta es una de esas (para algunos, cómodas) contradicciones de nuestros dogmas.

Colombia sigue siendo un país de emigración, a pesar de la voluminosa inmigración venezolana. ¿Con que derecho, después del éxodo colombiano de decenios, nos permitimos juzgar la inmigración de otros?

Podemos pensar la inmigración como un reto, pero tal vez no lo es tanto como pensamos. Es necesario informarnos bien, pues generalmente no se tiene en cuenta la aportación de los migrantes a la economía ni se tiene conciencia de su costo relativo en las carteras nacionales. En este sentido, se agradece el “Proyecto Migración Venezuela”, lanzado por la revista Semana para “combatir la desinformación y los prejuicios sobre la migración”.

Publicado 29.12.2018

https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/454032-migracion

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