Estatus, educación y otras curiosidades

Publicado en Vanguardia Liberal el 17.12.2018

El estatus social que otorgamos a las diferentes profesiones varía en distintas sociedades y épocas. Una nota histórica da ejemplo de ello: Santiago Castro-Gómez (en “La Hybris del Punto Cero”) señala que, en tiempos de la Nueva Granada, los estudios propios de aristócratas eran las humanidades, mientras la medicina no gozaba de mucho estatus. Resulta que, como para entrar a la universidad había que demostrar un necesario grado de “blancura” (¡!) y los pocos privilegiados preferían dedicarse a carreras de mayor prestigio, ¡había una gravísima falta de médicos! Los “pardos”, no importa cuán talentosos fueran, enfrentaban enormes dificultades para ejercer las artes curativas y eran tolerados por necesidad. El ridículo de esta situación solo se ve en perspectiva histórica.

Hoy se le tendría que dar mucha importancia a la educación pues, en teoría, basamos nuestra identidad nacional en los valores de la Ilustración. Pero no parece ser así. Esto se ve reflejado en la posición social que tienen los educadores en Colombia, no demasiado alta. Incluso, se desvalora a los profesores universitarios, considerando que solo están ahí porque no lograron insertarse en el sector privado. Como contraste, en China los educadores tienen un estatus similar al de los médicos, mientras en Austria los profesores universitarios tienen un estatus tan alto que los títulos de doctores (o sea, referentes a un doctorado universitario) de facto suplantan a los nobiliarios, allí derogados. No hay que confundir esto con la “doctoritis” colombiana, curiosidad cultural que no tiene que ver con una vida dedicada al saber.

La educación es un poderoso instrumento para posibilitar la movilidad social, pero tampoco parece dársele mucha importancia a esta última en un país con fundamentos históricos en un sistema de apartheid, como vimos. Y aunque en Colombia tenemos excelentes universidades públicas de las que podemos estar orgullosos, nos dicen que no tenemos el dinero para costearlas. Pero no podemos prescindir de ellas, se trata de establecer prioridades y también de corregir injusticias históricas.

https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/450736-estatus-educacion-y-otras-curiosidades

 

 

 

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Memecracias

Publicado en Vanguardia Liberal Nov. 3/ 2018

En Brasil se votó por un candidato misógino, racista, homófobo, defensor de la dictadura e incitador de soluciones violentas. No salimos del horror ante este hecho. Hay un largo trecho desde una situación de frustración política hasta llegar a apoyar a un patán de este calibre: se trata de un odio visceral creado.

El periódico español ‘El País’ ha investigado el rol de los memes en estas elecciones. Afirma que Whatsapp se convirtió en la principal fuente de noticias falsas: desde la misma campaña de Bolsonaro se distribuyeron “mentiras camufladas como noticias”; ¡más de mil mensajes al día! Algunas, cercanas a los poderosos evangélicos, aludían a la supuesta “ideología de género”. En otros mensajes, el PT fue presentado, sumando mentiras (ver las investigaciones de Yanina Welp), como atentando “contra la democracia y la nación”. Muchos mensajes se dedicaron también a combatir las críticas a Bolsonaro: por ejemplo cuando el diario ‘Folha de S.Paulo’ publicó una investigación según la cual empresas privadas habían estado financiando estas campañas mentirosas, ya se había difundido un video en el que se “informaba” de un pago a medios para difamar la campaña de Bolsonaro. Este video se compartió mucho más que la investigación del diario.

Para que un meme “funcione” debe ser emocionalmente intenso y bloquear el raciocinio. Y aunque la mentira se revele como tal, las emociones instaladas ya se sienten como propias y llevan a buscar justificación; y pensamos: “bueno, esto tal vez no era verdad, pero podría serlo”. “Votamos, nos informamos y opinamos con memes que no hemos elegido de forma racional sino emocional”, dice la periodista Delia Rodríguez, quien puso nombre a este sistema: “memecracia”.

La democracia, fundamentada en el raciocinio humano, ahora no solo tiene un peligroso enemigo mas sino que pasa a basarse en la mentira y en la emocionalidad: se está convirtiendo en memecracia. No solo en Brasil.

https://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/449610-memecracias

 

 

 

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