Drogas: una guerra perdida

Sabemos cómo funciona la ley de oferta y demanda. Si hay demanda de un producto, el mercado encontrará la manera de que haya oferta; si la oferta se dificulta, subirán los precios. Y si el producto se ilegaliza, probablemente estaremos alimentando mafias. Podríamos decir que el problema de las drogas es más dependiente del consumo que de la producción. Y también que se forja alrededor de la prohibición.

La “guerra contra las drogas” comenzó en 1972 en EE.UU. bajo la administración de Nixon. Como se supo en el 2016 por declaraciones del exconsejero de Nixon, John Ehrlichman, este gobierno tenía dos supuestos problemas: el movimiento pacifista de izquierda y la población negra. No hubiera sido astuto enfrentarse directamente a estos grupos, pero sí podría serlo asociar a los unos al consumo de marihuana y a los otros al de heroína y prohibir estas drogas. Envileciendo a estos grupos sociales, las fuerzas del orden podrían incursionar en sus círculos sin problemas. Y así quedó el mundo embarcado en la guerra contra las drogas.

Hoy nos enfrentamos al fracaso de esta guerra. La Comisión Global de Políticas de Drogas ha dicho que si la guerra contra las drogas fuera un negocio, habría tocado cerrarlo hace años. La Comisión busca identificar alternativas a la prohibición como estrategia: se trata de priorizar la salud de las personas y la seguridad de las comunidades y de alejarse de criminalizar y crear violencia. Afirman con optimismo que “las políticas sobre las drogas están cambiando en todo el mundo”.

Bueno … en casi todo el mundo. Ahora en Colombia se revoca la decisión de dejar de fumigar con glifosato las plantaciones de coca. (Justo leemos estos días acerca de una millonaria multa a Monsanto, acusada de causar cáncer a un jardinero).

Colombia es un país malherido por esta guerra ajena que nos cambió la historia. ¿No es de notable cortoplacismo, por decirlo amablemente, querer continuarla a punta de venenos contra la propia población?

Publicado en Vanguardia Liberal 18.8.18: http://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/442375-drogas-una-guerra-perdida

 

Anuncios

De bacterias y hongos

Hemos perdido consciencia de los elementos y procesos que nos permiten vivir. Tomemos por ejemplo la agricultura. Antes, y todavía en algunos sitios, esta funcionaba en un ciclo perfecto: los desechos humanos y agrícolas se usaban, entre otras cosas, para alimentar la tierra y sus habitantes –desde las minúsculas bacterias hasta las gigantescas redes de hongos– que, hoy lo sabemos, son responsables de mantenerla viva y fértil. Y volvían a crecer los alimentos. Recientemente, rompimos ese ciclo milenario y lo cambiamos, con la arrogancia propia de nuestra cultura occidental, por una cadena lineal absurda. Para “fertilizar”, se aplican agrotóxicos producidos en fábricas, bajo la creencia (falsa) de que podemos seguir cultivando indefinidamente en el polvo muerto resultante. Los desechos no encuentran el camino de vuelta, pues además son tóxicos, estorban y van a parar a otro lado causando costos y daños considerables.

Estas prácticas irracionales nos están pasando factura. Para quedarnos con el tema suelos, y según un estudio de la ONU (Perspectiva Global de la Tierra), un tercio de los suelos de nuestro planeta está severamente degradado, y la causa principal es ¡la expansión de la agricultura industrial! Es alarmante esta cifra: incluso sin degradación necesitaríamos varios planetas para aguantar un consumo al estilo occidental de la población mundial creciente.

Queda claro que debemos reinventar nuestros esquemas agrícolas. De esto se encarga, entre otras disciplinas, la agroecología, cuya meta es diseñar sistemas agrícolas que sean sostenibles. Esta ciencia además procura trabajar mano a mano con la sabiduría ancestral de los que trabajan la tierra y conocen sus ciclos. Cabe destacar que en este campo hay una eminente científica colombiana que trabaja en Berkley, EE.UU.: Clara Inés Nicholls. Justamente en Colombia, y siguiendo los impulsos provenientes de las Naciones Unidas para destacar la importancia de la agricultura campesina, esta hoy retoma el lugar y la dignidad que le corresponde con la consolidación de la Red Nacional de Agricultura Familiar, Renaf.

A propósito: ¡no al uso del glifosato!

Publicado en Vanguardia Liberal, sábado 4 de agsto de 2018:

http://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/gisela-ruiseco-galvis/440973-de-bacterias-y-hongos

 

A %d blogueros les gusta esto: