Esas bolsitas de plástico de todos los días

Por Gisela Ruiseco

Noviembre, 2013

Se lee hoy en las noticias que: “La Comisión Europea quiere reducir drásticamente el uso de bolsas de plástico finas (menos de 0,05 milímetros de espesor) en la Unión Europea (UE) porque constituyen un grave peligro de contaminación medioambiental y en especial en el medio marino para aves y peces”1.  Señala que un “94% de las aves del Mar del Norte tienen restos de plástico en sus estómagos”. Y con esto ha entrado ya en nuestra cadena alimenticia.

El daño causado por las bolsitas contrasta con el corto lapso de su existencia: En 1957 se introducen las primeras para empacar alimentos, y solo en el 77, en los EEUU, se introducen en las grandes tiendas para empacar las compras. Esto es, hace muy poco que las tenemos, y sin embargo, nos parece que no podemos vivir sin ellas.

Desde el principio, la responsabilidad por el uso de las bolsas se pasa a los consumidores y no a los productores. El peso de los daños causados por el plástico se diluyen y caen en manos y consciencias del consumidor. Otra sería la historia si las “externalidades” de la producción del plástico se vieran reflejadas en el precio de las bolsitas .

Por otro lado, con la idea de que podemos reciclar el plástico nos hemos relajado con el hecho que estamos produciendo y consumiendo grandes cantidades de un material que no se destruye en siglos. Y se recicla en parte, pero una gran cantidad del plástico, y en especial las bolsas delgadas, no llega nunca a reciclarse o escapa a los sistemas de recogida y desecho de basuras, acabando vertido en los campos, ríos y mares. Aquí se fragmenta y es ingerido fácilmente por animales. El plástico fragmentado eventualmente encuentra el camino hacia el mar, formando lo que se conoce como la gran sopa de plástico del Océano Pacífico2, escandalosa evidencia de nuestra cultura del desecho. Y el plástico de esta sopa no proviene de barcos indisciplinados, como se podría pensar. El 80% de su composición proviene de la tierra.

La gran pregunta es: ¿porqué no se prohiben estas bolsas? A qué estamos esperando? Parecería que nuestra desidia se debe a que pensamos que es demasiado tarde y entonces ya que importa, como en aquella película en que los enfermos de peste se sentaban a cenar rodeados de ratas…. Pero no, no es así, es simplemente letargo, y claro está, el poder de los lobbies del plástico3, lo que está detrás.

Es curioso que sigamos considerándonos la cima de la civilización humana, los primeros en vivir bajo premisas racionales, dejando atrás las supersticiones, la irracionalidad, de nuestros antepasados. La sociedad occidental moderna, y a pesar de toda apariencia, es definitivamente “irracional como totalidad” como dice Marcuse.

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