Sobre vacas, fríjoles y el calentamiento global

 

Por Gisela Ruiseco Galvis,

Publicado en Vanguardia Liberal Octubre, 2009

El pasado 16 de octubre se celebró el día Mundial de la Alimentación, proclamado en 1979 por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Con la proclamación de este día se quiere concientizar a las poblaciones sobre el problema alimentario mundial.

Aprovechamos esta ocasión para examinar de cerca la otra cara de la moneda, la de la sobralimentación en los países occidentales, especialmente el altísimo consumo de carne. La Organización Mundial de la Salud, en su último libro “Nutrición y prevención de enfermedades crónicas” asegura que, en occidente, cuantos más productos de origen animal se consumen, más tasas de enfermedades crónicas se producen (cáncer, enfermedades cardíacas, obesidad, apendicitis, osteoporosis, artritis y diabetes). La Fundación de Canadá del Corazón y de la Apoplejía recomienda el uso de cereales y verduras en vez de el uso de carne como pieza central de las comidas.
Ahora bien, que tiene que ver esto con los problemas medioambientales que nos ocupan en esta página?

Según declaraciones de  Rajenda Pachauri, presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC), se revela que las emisiones directas de la elevada producción de carne necesaria para llenar la demanda creciente, representan aproximadamente el 18% de las emisiones totales de gases con efecto invernadero, este porcentaje incluye los gases liberados en cada parte del ciclo de producción de carne: limpieza de la tierra, transporte de fertilizantes, quema de combustibles fósiles en vehículos de granja, y las emisiones delanteras y posteriores de ganados y ovejas.

Pachauri recomienda reducir el consumo de carne como un primer paso y aporte para combatir el cambio climático, pues además de reducir las emisiones de gases, esto evitaría la destrucción de vastas zonas de bosques para la cría del ganado, como ocurre en el Brasil,. Aparte de esto, consumir menos carne es una buena forma de cuidar el agua potable del planeta. Producir 1 kg de trigo consume 30 veces menos agua que producir 1 kg de carne. También sería una forma de optimizar el uso de los recursos que tenemos a disposición pues según la FAO, se necesitan al menos 7 u 8 kilos de cereal para producir sólo un kilo de carne de vaca.

Volviendo al día mundial de la alimentación, y situándonos en nuestro país, vemos que el problema aquí es el hambre y no la sobrealimentación. En cuanto a consumo de carne, buena parte de la población no tiene con qué comprarla y solo ocasionalmente puede comerla. Sin embargo, esta situación tiende a cambiar, por el contagio del paradigma vigente en los países ricos, de que el consumo de proteína animal es un signo de lo que se considera progreso y se extiende cada vez más por el mundo, en conjunto con el modo de vida occidental. Resulta oportuno entonces resaltar que la dieta tradicional colombiana, alta en proteina vegetal en forma de fríjoles y granos, es saludable y nutritiva. No deberíamos entonces desdeñarla para adoptar un modelo de alimentación que ya ha probado ser nefasto, no solo para la salud, sino también para el medio ambiente.

Video interesante:

El precio medioambiental de la carne

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090609/precio-medioambiental-carne/521988.shtml

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