Austria y un mundo interconectado

El mundo cada vez parece más pequeño e interconectado. Algunos tenemos la posibilidad y suerte de volar de un lado al otro, comprobar que los seres humanos en todas partes son bastante parecidos y que estamos todos, aunque unos más que otros, unos antes que otros, sufriendo los estragos de un sistema voraz y destructivo. Hace años las zonas beneficiadas por la rapacidad no se enteraban del otro lado. Las guerras estaban allá lejos, los mendigos en otra parte… Y en cierto momento, hace ya unos años, llegan a Europa. El empobrecimiento de muchos se vuelve visible para el norte global. De pronto, hay mendigos hasta en Suecia…

Y no solo hay mendigos, hay flujo de migrantes. Al liberalismo se le pasó, convenientemente para algunos, que en principio y para ser consecuentes y justos, también tendría que incluir en su liberalización al flujo de personas. Se le olvido que las relaciones de poder existen. Y las personas migrantes son declaradas ilegales mientras que los dineros migrantes son declarados legales. Y todo parece normal…

Y aparecen políticos que ven los mendigos en la calle, y se olvidan de que el mundo es pequeño e irremediablemente interconectado e interdependiente, que lo que se ve aquí es parte de lo que hay allí. Se olvidan, al igual que los economistas, de que nuestro planeta es redondito y finito, que somos todos uno. Que si unos crecen de manera exponencial, a otros les falta. Que si unos consumen mucho más de los que les corresponde en un planeta finito, otros no van a tener suficiente y la tierra no va a dar abasto (ver por ej. : http://www.no-burn.org/article.php?id=768). Mejor dicho, se olvidan de muchas cosas y ofrecen soluciones brillantes: mejor nos encerramos en nuestro paisito.

Y mientras tanto, pareciera que nuestra naturaleza humana se ofrece a que nos llenen de miedos. Expertos en manipulación inventan historias para acrecentar el miedo (http://hoaxmap.org/), el odio visceral, tribal del que en épocas remotas defendía su aldea con un mazo. Y caen las personas en las mentiras, que una vez puestas en circulación tienen vida propia. Y la solución nuevamente pareciera ser: hay que encerrarse. Puede ser que esta historia hable de Austria, de toda Europa, de EEUU… pero también de un país como Colombia en el que la misma ideología del miedo y de los instintos bajos de odio, exclusión y miopía egoísta se aplica al conflicto interno, y tiene su expresión en un líder que sabe manipular.

Mientras tanto, en Austria gana, por menos de 1% de los votos, un profesor, que ha hecho campaña con verdaderos argumentos (¡insólito!). Un líder del partido verde y desde la izquierda del espectro que va a tener que hacer frente a la horda tribal que se ha formado en el país alpino. Y en Austria quedó muy claro que la educación es un antídoto contra el corto circuito de soluciones fáciles propagado por el candidato de la extrema derecha (http://www.ruhrbarone.de/oesterreich-das-lachen-das-im-hals-stecken-bleiben-sollte/125946). Tema de por si problemático por que implica también conflictos de clases reencauchados. Por ahora, los que defienden la exclusión como remedio a problemas muchísimo más complejos por lo menos no tendrán vía libre para poner en práctica sus supuestas soluciones.

Francia y el miedo

Horribles imágenes las de Francia. Se trata del país vecino, tan cercano, tan parecido. Podríamos haber estado allí, es más, casi todos conocemos a alguien que estaba en París en ese momento… Da horror pensar que unos tipos llevados por el fanatismo, el extremismo, la brutalidad, hayan logrado llegarnos tan cerca. Y… nos entra el miedo: estamos acostumbrados a ver estas imágenes, la verdad sea dicha, pero de lo que sucede más allá de nuestra Europafortaleza, lejos. Y aunque el sufrimiento a veces se deba a bombas lanzadas por nuestro propio bando, léase “daños colaterales”, esto no nos toca tanto, ni facebook lanza máscaras para perfiles, ni sentimos el impulso de decir “Yo soy….”. Y decía, estamos acostumbrados a ver imágenes, pero no a enterarnos bien, cuando es allá lejos, del padre que busca su hija, de la tía de fulanito que es una de las heridas, etc. Pues los medios son los que nos llevan a implicarnos o no, a acercarnos al sufrimiento o no. Y cuando es allá lejos, y sobretodo, cuando son “daños colaterales”, no nos vamos a enterar del sufrimiento individual, aquel con el que podríamos empatizar. a menos que sea haciendo un esfuerzo especial de informarnos.
Después … en psicología se habla de una heurística, o atajo mental, que entra en funcionamiento. Aunque también se podría traducir como pereza e ignorancia. Una heurística se da cuando nuestro pensamiento sin tener suficiente información llega a una conclusión rápida para poder actuar. Digamos que el beneficio de la heurística sería que en muchos casos se acierta sin tener que gastar energía en el asunto, así lo explica la psicología. Entonces, actuamos de acuerdo a prejuicios: Que los que atacaron eran musulmanes … Ah! Entonces hay que sacar a todos los musulmanes de Europa. O… no dejarlos entrar. Muy inteligente conclusión. Y fácil. sobretodo teniendo en cuenta que llevamos meses, años, ya adentro de un discurso de miedo hacia el Otro, adentro de lenguajes que nos hablan de mareadas, avalanchas, ríos, de refugiados…. Vemos lo que tienen en común ellos: son musulmanes. No vemos lo que los medios no nos han acercado. Algo tan simple como: esta gente está huyendo de los mismos perpetradores de Paris, tenemos en parte al mismo enemigo mortífero. Estarían todas las condiciones para la solidaridad, para acogerlos, compartimos el mismo horror. Pero no, en muchos casos gana la heurística: son musulmanes y por eso, mejor dejarlos afuera…. Y así continuamos construyendo muros, como si pudiéramos separarnos del mundo.
Lo que da miedo es el miedo y la ignorancia de tantos, el odio fácil. Y dan mucho miedo los partidos del odio que son los mayores beneficiarios con estos acontecimientos.

Dieta occidental, sostenibilidad y colonialidad

La naciones unidas animan al veganismo para no acabar de destruir la tierra, la dieta occidental de carnes es insostenible… (ver link abajo):

Professor Edgar Hertwich, the lead author of the report, said: “Animal products cause more damage than [producing] construction minerals such as sand or cement, plastics or metals. Biomass and crops for animals are as damaging as [burning] fossil fuels.”

Al final del reportaje se cita al mismo profesor:
“Developing countries should not follow our model. But it’s up to us to develop the technologies in, say, renewable energy or irrigation methods.”

Los (aún) llamados países en desarrollo no deben seguir el modelo occidental, pero el profesor considera que las nuevas tecologías deben venir de occidente…

Se olvida que los países “en desarrollo” ya tienen saberes, ya tienen un campesinado produciendo comida, que si los dejaran tranquilos sin entregarle tierras y leyes a las multinacionales podrían seguir haciéndolo, y si sí es cierto que la tecnología occidental puede unirse a saberes locales, esta tecnología barata y adecuada precisamente surge en estos países “en desarrollo”.

Porfavor!!

Y volvamos a comer frijolitos!

UN urges global move to meat and dairy-free diet

La xenofobia que se siente

Ver de cerca el odio de una horda neonazi, como se ve en el video que reproduzco más abajo, es espeluznante. Aquí se ve una manifestación de Pegida (Patriotas europeos contra la islamización de Occidente) celebrando su primer año y un reportero, de piel oscura y en un alemán impecable, le pregunta a la gente que porqué está ahí. Una mujer dice que se podría dar que: “…cuando les den una señal desde la mezquita nos ataquen con cuchillos a todos…” Ella ha oído de un caso así, alguien ahí mismo, en la manifestación, se lo había contado. Luego, el reportero pregunta: “Pero usted me tiene miedo a mi? Yo tengo raíces migrantes, árabes …”. La mujer se ríe y dice: “No, a usted no, si usted ya está integrado…”. Más adelante en el video el reportero se encuentra con personajes bastante más violentos, a los cuales no les importa que el reportero en cuestión, visiblemente de ascendencia no alemana, esté “integrado”.

Me vienen a la cabeza imágenes de la época nazi: la más inocua aunque de un horror muy cercano por ser una escena de barrio: un hombre anciano, obligado a arrodillarse en la calle y limpiar el suelo, con la gente mirando: un judío. ¿Como fue posible este horror? Esto nos hemos venido preguntado las siguientes generaciones durante décadas. Hoy pareciera que lo estamos viviendo: el cómo fue posible.

Hace 30 años yo todavía alcancé a vivir el curioso tabú que había en Alemania contra toda expresión de nacionalismo, ondear la bandera en actitud patriótica estaba muy mal visto. Pues el nacionalismo alemán fue tabú. Fue. Hubo un momento, me acuerdo, en el que se hizo claro que el tabú había caído: en el mundial de futbol del 2006, Alemania celebró sin tapujos sus victorias y pudo ondear su bandera, este cambio de actitud se comento bastante en su momento. (1)

El Pegida en cuestión es una pequeña minoría y no hay que otorgarle más alcance del que tiene. Ya yéndome a Austria, lo preocupante se da en la población más general. He oído, viniendo de gente relativamente cercana, comentarios que expresan miedo/odio hacia los inmigrantes musulmanes: Que el país se está islamizando y en unos años vamos a perder nuestra cultura. También argumentos más elaborados y que reflejan los de el partido racista de derecha, el FPÖ: Que nos quitan el trabajo, la vivienda, que viven del dinero del estado, y reciben más que “los nuestros”. Prácticamente todos argumentos que se desbaratan con solo informarse un poco y mirar datos reales. Y uno de los mas efectivos: Que maltratan a sus mujeres y no comparten los valores occidentales… Este tema ya daría para varios libros. Solo decir que uno de los personajes más machistas que he conocido en mi vida justamente surge de puras cepas rurales austríacas donde hay auténticos trogloditas. Pero desde una visión racista “ellos” están todos anclados en la prehistoria y “nosotros” somos todos civilizados.

Lo que tal vez me da mas duro del giro de los últimos años es que el odio, el menosprecio hacia el extranjero se ha normalizado. Aunque los violentos sean pocos, el expresar prejuicios y juzgar por el color de la piel o la procedencia sí ha perdido toda vergüenza social. Ya el racismo no es tabú ni cuestión de algunos extremistas solamente.

Volviendo al tema de los refugiados, los perjuicios están llegando más allá, con ayuda de “rumores” descaradamente falsificados (2) y campañas políticas que incitan al odio: Que los refugiados violan, atacan tiendas para robar, etc. Y ver como la gente estos días está esperando en las fronteras para poder llegar a una Alemania que se ha vuelto la tierra prometida, ya aguantando no solo su historia, hambre y cansancio, sino además frío; ver estas imágenes y saber que se van a encontrar con un racismo creciente … esto es muy triste. Vienen de las guerras modernas en las que países poderosos bombardean países que no pueden tomar represalias. ¡Que guerras más limpias! … para los que atacan desde el aire. La otra parte de la “guerra”, la de los que huyen de sus países destrozados, esta parece que no había entrado en el cálculo…

Pero Austria tiene también otra cara. En un reportaje (3) a Andreas Babler, el alcalde de Traiskirchen, el pueblo austriaco donde está localizado el gran campo de refugiados de Austria, podemos darnos cuenta de que las cosas no tendrían que ser así. En este pueblo es donde mas potencial habría para que los nativos se sientan amenazados o en peligro de perder su cultura, etc. En el pueblo hay una situación desesperada y caótica con la llegada de tantos refugiados. Y sin embargo… Con una política de comprensión y diálogo, de inclusión de los refugiados en actividades con los habitantes de este pueblo, el alcalde ha logrado mantener una actitud abierta y solidaria hacia ellos. Esto se refleja en que los votantes del FPÖ, el partido de derechas y racista ya mencionado, se ha mantenido, sorprendentemente, en números bajos (14%). Lejano al 30% que logró este partido en la últimas elecciones regionales austríacas. El alcalde es muy cercano a la gente del pueblo, en los restaurantes y bares habituales participa en discusiones que hablan de problemas reales (¡no de los imaginarios!) que pueden surgir en la convivencia con los refugiados, actuando en parte como mediador, escuchando las quejas. Intenta aclararle a los vecinos del pueblo que el problema no son los refugiados, sino un sistema que no les ha dado otra opción a estas personas. Y que hay que convivir.

(1) Ver por ej. http://www.vergessene-fahnen.de/
(2) “Flüchtlingshetze im Internet” Reportaje austríaco de la ORF sobre la falsificación de datos que criminaliza a los refugiados:
http://tvthek.orf.at/topic/Fluechtlingskrise/10463081/Thema/10764941/Fluechtlingshetze-im-Internet/10764943
(3) https://nzz.at/phenomenon/wie-ein-hemdsaermeliger-weltverbesserer-in-traiskirchen-die-fpoe-klein-haelt/

Lógicas empresariales y otras irracionalidades

Hace poco, reflexionaba acerca de la barbaridad medioambiental que suponen la modalidad de café que se vende en cápsulas. En alguna parte leí acerca del gran negocio: Se vende el mismo café de siempre a un precio muchísimo mas caro, produciendo montañas de basura, haciendo necesario un mamotreto de máquina … y la gente tan feliz, lo compra. Prueba de una vez por todas de que los seres humanos poco de racionales tenemos. Que lo que pasa es que sabe muy rico. Bueno, no sé, las máquinas tradicionales sin cápsulas también hacían un café bastante especial, o también el tradicional espresso es algo mucho más manual y sencillo. Claro que no tienen un proceso tan pulcro y divertido… al fin se trata de tener juguetes. Y en particular estos juguetes “de diseño”, alabanza que me eriza los pelitos, son venta segura! Casi gritan: pertenezca a la elite, cómprenos! (Bourdieu saluda).

Lo cual podría no importar tanto, es parte del mundo que se supone privilegiado y que continuamente se tiene que inventar cosas nuevas para consumir. Menos indignante, digo, si fueran juguetes inocuos. Si no se produjeran esas montañas de basura plástica de la que el mundo no aguanta un gramo más; ya próximamente la comida de lujo no será la biológica/ ecológica sino la que todavía no contenga plástico, irremediablemente ya dentro de la cadena alimentaria. Pero el tema que me preocupa aquí es otro. Al mencionar las capsulitas en una conversación, me llega un comentario: …”pero hay que aceptar que el que las inventó es un genio, ¡que buen negocio!” Y aquí esta el meollo del asunto…

Se les enseña a nuestras clases empresariales, que son las que gobiernan el mundo en estos días, esa lógica y valores particulares. Es un genio digno de admirar el que se inventa un buen negocio. Encontró un nicho en el mercado, tuvo imaginación y emprendimiento, ¡admirable! Que su aporte a la contaminación mundial de plástico sea monumental, y su invento sea de un absurdo increíble y totalmente irracional (y la racionalidad es un valor del que está tan orgullosa nuestra civilización occidental…), no solo no entra en el cálculo con el que se valora el negocio, sino que mas bien ¡es completamente irrelevante! Como puede ser esto? El enriquecimiento individual es el único valor relevante para juzgar la bondad de un negocio. Supongo que las personas acostumbradas a pensar en lineas de valores empresariales se darían cuanta de la problemática que tiene su propia lógica o… ¿quieren que sus nietos acaben con las barrigas llenas de plástico, como tanto animalito que ya estamos viendo hoy en día? ¡Seguro que no! La lógica de una visión más completa de la sociedad tendría que ser la guía, también de aquellos que vienen al mundo con una mente empresarial. Esta es la cuestión.

Y a propósito del inventor… se arrepintió de su invento:
http://www.expoknews.com/el-inventor-de-las-capsulas-de-cafe-se-arrepiente-de-su-creacion/

Algunas impresiones desde Cataluña

¿Que está sucediendo en Cataluña? Cumplí hace poco diez años de vivir en Barcelona y hay que decir que se necesita tiempo para llegar a cierta comprensión.

Cuando llegué no hablaba nada de catalán y mis primeras vivencias no fueron muy positivas respecto al idioma. En la Universidad, asistí a una introducción al uso de la biblioteca en la que muy correctamente se preguntó si todos los asistentes entendían catalán. Yo, claro, dije que no, y tras unas frases en castellano la introducción continuo inmutable en catalán. Hoy me hace gracia pues seguramente la persona en cuestión ¡no se dio cuenta de que había cambiado de idioma! Sucede. Pero en ese momento, y para alguien que consideraba una regla básica de cortesía intentar hablar en un idioma que el interlocutor entienda, me resultó algo rudo lo sucedido. En los siguientes días me topé además con una compañera con la que tenía que trabajar pero que se negaba a hablar castellano. Ni decir que no le entendía nada y así ¡era bastante difícil trabajar juntas! Todo esto puede irritar y sin embargo…

¿Porqué no había aprendido por lo menos un mínimo de catalán antes de llegar? Si hubiese ido a una universidad en Francia, por ejemplo, no se me hubiera ocurrido llegar sin hablar nada de francés. Resulta que me habían dicho en la misma universidad que no necesitaría el catalán… error por parte del profesor. Son el tipo de cosas que suceden aquí, dada la peculiar situación de la lengua local. Fui entendiendo que las personas que se niegan a hablar en castellano, y son pocas, son activistas en defensa de su lengua, quieren evitar que se margine, esta lengua que en época de Franco estaba prohibida como lengua oficial. Comprensible, aunque a veces deje una sensación de forzar las cosas, un sabor agridulce.

Un incidente, sucedido a una amiga, me iluminó más la situación. Según me contó, su compañera de vivienda, catalana, llegó un día furiosa a casa pues al parecer no era posible acudir a una clase de yoga en su propia lengua, pues la profesora se pasaba al castellano tan pronto como hubiera alguien que no entendiera catalán. Y, concluyó: yo hablo el castellano mal, no es mi lengua, ¡no es justo que tenga que comunicarme en ella en mi propia ciudad! … Así, fui entendiendo la complejidad de lo que sucedía. Y me puse a aprender catalán, claro está.

Un episodio que causó indignación hace unos años: Un taxista en Madrid hizo bajar a una pasajera porque estaba hablando en catalán por su móvil… Y sí, hay cierto anti-catalanismo en el resto de España, se siente. ¿Que tanto hay, y en que círculos? Tal vez unos círculos demasiado visibles en los últimos años dados los gobernantes de turno. Pero esto lleva a uno de los argumentos pro independencia que puede ser mas convincentes: “Si en mi casa no me quieren, lo mejor es irme…”.

Una curiosidad acerca del idioma: Me enteré en un momento, con sorpresa, de que hace años, no era bien visto entre la burguesía hablar el catalán. ¡Este no tenía estatus social! Tal vez no sorprende desde afuera, pues debe ser el sino de todos los idiomas de pueblos conquistados. Pero desde como se vive hoy el idioma catalán, sí resulta extraño pensar que hubiera tenido un problema de estatus.

El idioma atacado una y otra vez de diferentes maneras es un tema básico en la indignación catalana que ha dado paso al independentismo. Independentismo que no logró, como vimos en las elecciones parlamentarias del último domingo 27, sobrepasar el 50% de los votos, pero que se ha vuelto omnipresente en el día a día en Cataluña.

Muy ligado al idioma, uno de los argumentos más fuertes para la independencia es el identitario: “Somos una nación”: la nación catalana que no ha sido reconocida por parte del estado Español. Un argumento de identidad reivindicativa que me produce sentimientos encontrados. El concepto en sí depende de su definición, una nación es una “comunidad imaginaria” como dijo B. Anderson. No hay una “verdad” que se pueda encontrar al preguntar si una comunidad es una nación o no. Mas bien, ser “nación” ofrece un espejismo de solidez y puede servir muy bien para manipular. Si es el nacionalismo español el que ha maltratado a los catalanes, ¿podemos defender al nacionalismo catalán? Por otro lado: ¿Se puede negar la justificación de movimientos reivindicativos que reifican identidades aporreadas para emanciparse? Tipo “black power”…

Dijo Paul Gilroy, el pensador afro-inglés, en una conferencia en Barcelona (2014), que no hay un nacionalismo, aunque sea reivindicativo, que esté libre de los aspectos problemáticos de este fenómeno. El nacionalismo siempre, por definición, produce un “nosotros” y un “otros”, con lo cual es de por si excluyente. Y además quiere homogeneizar hacia adentro, lo sufre Cataluña en carne propia desde hace siglos: la peligrosa fantasía de nación con una sola lengua, una religión, etc. Puede que hoy en España los que defienden estas ideas sean una pequeña minoría pero me alcanza a sorprender su misma existencia, cuando se visibiliza. La cabeza del Estado Español, perdida en estas fantasías nacionales y con su modo intransigente, ha sido, irónicamente, el mejor aliado que ha tenido Cataluña para convencer a una buena parte de la población de que la independencia es la salida para poder respirar. Apuntado esto, hay que decir que hasta ahora no se sienten en Cataluña trazas de un nacionalismo excluyente y homogeneizador, por lo menos más allá de la xenofobia ya normalizada en Europa en general. Más bien lo contrario, aquí se respira, como extranjero del sur, un mejor aire que en otros países europeos.

Mi entusiasmo por estar viviendo momentos históricos de emancipación (las portentosas marchas han sido impresionantes) tiene entonces sus límites. El argumento más complicado para mí es uno que despliega una falta de solidaridad sin tapujos. En un autobús oí una conversación: “Es que no hay derecho, estarles pagando para que estén por ahí echados haciendo nada…”, refiriéndose al sur de España: la típica crítica hacia el estado de bienestar por parte de la derecha. Se olvida aquí que Cataluña ha recibido aportes sustanciales de la UE bajo el mismo criterio de distribución. Hay una versión más suave de este argumento que defiende que aún con criterios de distribución justos hacia las comunidades que menos tienen, a Cataluña se le saca más de lo debido. Igualmente el argumento en sí es feo: independencia para encerrarse en una isla de bienestar (pues aunque estemos en crisis estamos en una isla de bienestar).

Un argumento que sería para mí de los más convincentes, se lo he oído a la monja Teresa Forcades, es que los países pequeños funcionan mejor, más democráticamente. La religiosa, y un sector de la izquierda (la CUP), defiende la independencia como modo de implementar cambios profundos en la sociedad. Pero: estos cambios profundos ¿no se podrían hacer igualmente desde España pero con otros gobernantes? Esto en el caso de que fuera posible que un estado supuestamente soberano pueda emprender cambios profundos, asunto que después de lo ocurrido en Grecia parece dudoso.

En general me quedo con un sentimiento ambiguo. Por un lado comparto la emoción que se vive en Cataluña. Se comprende la indignación por los abusos que se han sufrido. Por el otro lado veo que los problemas profundos, esos que discutían los “indignados” en las sentadas en la plazas, ya han pasado a segundo término, y que el gobierno actual catalán, en parte responsable de tanto abuso y desmantelamiento social, se perfila como heroico … ahí algo no huele bien. Como dijimos antes, el nacionalismo exaltado bien puede servir para manipular. Pero esto es otro tema.

Por último, y para confundir(me) mas, hace poco asistí a un mitin en el que se encontraban todos los “alcaldes del cambio” de España. Estaban, entre otros Colau y Carmena, las alcaldesas de Barcelona y Madrid respectivamente, llegadas al poder después del movimiento de los indignados del 2011 y portadoras de esperanza para muchos. Al salir Carmena a hablar retumbaron los aplausos. Los presentes sentimos en esos momentos a Madrid y Barcelona como ciudades hermanas, aspirando a hacer las cosas de otra manera. Fue emocionante, esperanzador, y muy lejano a aquel profundo abismo que se visibiliza en otras ocasiones entre las dos ciudades.

(Publicado en Vanguardia Liberal, en la sección 7 días, el domingo 4 de octubre, 2015)

Muertos que no son como nosotros

Hay algo que me molesta con la reacción unánime de horror ante la foto del niño sirio muerto en el periódico. Ese sensacionalismo de la prensa, disfrazado de un querer zarandear el corazón endurecido de los europeos, o de todos aquellos que estamos seguros en la Europa-fortaleza sigue siendo impúdico y des-informa más de lo que informa. No hay niños muertos en todos los bandos y guerras? Porque se muestra alguno y otro no? O … porqué la gente se espanta ante esta muerte y no ante la de tantos inmigrantes ahogados en los últimos meses?

Ayer, entrando a un bar en Barcelona, después de un mes de ausencia y un poco perdida en la cadena de acontecimientos, oigo una conversación entre dos señoras. Estaban espantadas con la foto. Una miraba a su niño, solo un poco mayor que el de la foto, describiendo como casi le dan arcadas de horror al ver esta imagen, al pensar en sus tres niños y los horrores de las personas que tienen que dejar todo para huir. Puedo suponer que esta es una persona que no repite clichés xenófobos. Y sin embargo, después la señora dice una frase que me llamó la atención: “Es que son como nosotros”. Los muertos, los refugiados … son como nosotros!

El problema y drama humano es que nos conmovemos más, según parece, ante el sufrimiento de gente que se asemeja a nosotros. Este tema ya lo ha tratado Judith Butler, hablando de las vidas que importan (y las que no), y ya entrando en el problema del racismo.

Dije antes que algo me perdí en este mes de ausencia en el que no me enteré mucho de lo que sucedía. Mis últimas referencias eran los naufragios de africanos que querían entrar a la fortaleza-Europa, el mar mediterráneo convertido en fosa común, más o menos ante una indiferencia generalizada. Y ahora me encontraba ante un horror general. E incluso ante una Merkel, como leí en un periódico austríaco y a propósito de los trenes que deberían llegar con refugiados desde Hungría, que decía que serían todos acogidos… Perdón, como?? Pues sí, Alemania, sin trabas, acoge a estos inmigrantes. Sigo leyendo… es que los refugiados son personas con educación, que pueden aportar algo a Alemania, país que necesita de más gente cualificada, según se explicaba. Pues si, es que… son como nosotros!

Pasando a otro de mis países, Colombia, no puedo dejar de asociar el problema de refugiados que se chocan con fronteras e indiferencia con lo que sucede allí. Colombia es el segundo país con más refugiados internos de todo el mundo, pero esto se vive con plena normalidad en las ciudades. Gente parada en las esquinas, que no parecen del lugar por su aspecto, ellos son los “desplazados”… se toma con naturalidad. Allí también se estrellan contra la indiferencia general, contra las fortalezas de zonas de la ciudad que quieren parecer de otro país. Estas, las fortalezas de los que defienden lo que tienen no es muy distinta a la europea. Allí, tal vez, no ha salido un niño muerto en los periódicos que haya trastocado esta indiferencia general. O tal vez Colombia se ha llenado demasiado de imagines de muertos, aunque, y esto es muy duro, los muertos no se parecen a los que toman las decisiones en las ciudades, pues los muertos casi siempre son campesinos. Esto es, excepto las víctimas de secuestro, y ante este crimen si se ha alzado la prensa y se ha movilizado a las personas. Nuevamente… ¿será que esos sí eran “como nosotros”? En Colombia, personas a las que alguno de los grupos armados ha despojado de todas sus pertenencias y posiblemente matado a alguno de sus integrantes, se encuentran en las ciudades no solo con indiferencia sino con rechazo, e incluso con dudas acerca de sus vivencias … “es que muchos se hacen pasar por víctimas para obtener ayudas del estado”, alguna vez me explicó alguien. Como si este “peligro” cambiara en algo la gran tragedia de estos refugiados. ¿Porqué esta indiferencia? Será que estos campesinos en Colombia… no son “como nosotros”?

Algunas fuentes:

http://derstandard.at/2000021592631/Merkel-weist-Oesterreichs-Kritik-an-angeblich-laxen-Verfahren-zurueck

Entrvistas a Judith Butler:

http://www.egs.edu/faculty/judith-butler/articles/media-death-frames-of-war/

http://opinionator.blogs.nytimes.com/2015/01/12/whats-wrong-with-all-lives-matter/?_r=0

Movilización climática o la racionalidad del crecimiento

Hoy, 21 de septiembre del 2014, día de un llamamiento global: se trata de la Movilización Climática de los Pueblos con motivo de la Cumbre sobre el Clima que tendrá lugar el 23 de septiembre de 2014 en Nueva York.

Diferentes películas están circulando por internet que nos ponen al tanto de la urgencia de parar las emisiones de CO2, yo me he visto “Disruption” (2014). Película efectiva en su mensaje, que asusta en su urgencia, que parece veraz en sus fuentes… y que esta destinada a sacar a la gente a la calle para que proteste. En esta película sin embargo solo se menciona de manera corta (lo cual está bien, no es su meta concreta) el cómo de esta reducción de emisiones: Se proponen las energías alternativas.

Más allá de la urgencia del asunto y aceptando que cambiar la fuente de energía sea una medida necesaria, ¿constituye esta medida una solución al problema? Mejor dicho: Si nos alejamos de quemar combustibles que produzcan CO2, ¿podríamos seguir consumiendo como si tuviéramos varios planetas Tierra a disposición, seguir con el tren de vida al que estamos acostumbrados?

¿Puede seguir siendo la prioridad número uno de los gobiernos, con un par de notables excepciones, querer volver (para los que están en crisis), o mantener, un crecimiento perpetuo de la economía? ¿No será más bien que este ideal, que se quiere imponer a cualquier costo como se ve en Europa, es justamente el problema?

Habría que remontarse a la historia de nuestra moderna “economía” para hacerle una “genealogía” a la norma del crecimiento. En nuestros tiempos la “economía” solo se puede entender como creciendo, pero esta es una idea, o dogma, que ha surgido no hace muchos años, es joven en la historia de la humanidad. Incluso Adam Smith, uno de los ideólogos fundacionales del capitalismo moderno, advertía que el crecimiento en un momento tenía que parar. Nosotros (me agrupo con los “occidentales”, aunque venga del sur global) nos consideramos el curubito de la civilización, orgullosos de que la racionalidad y no la superstición nos guíen. Sin embargo, en la naturaleza, a algo que crece sin parar solo se le puede llamar un cáncer. Y este puede matar, si no se le para, al portador. O sea, lo mismo que estamos haciéndole a la tierra y a nosotros mismos al crecer “la economía” desmedidamente. Un comportamiento bastante irracional.

La norma es seguir produciendo, seguir vendiendo, no importa qué ni cómo, no importa que ya no agregue más a la calidad de vida de las personas, pues ya se ha señalado en otra parte que a partir de un cubrimiento relativo de necesidades, el consumir más no agrega al bienestar. Pero la economía tiene que crecer. Hay que embutirle créditos a la gente, hay que inventarse todo tipo de nuevas necesidades (y como caemos: “que felicidad, tal o cual compañía nos regala un celular!”) o hacer que cada objeto quede obsoleto en cada vez menos tiempo… Es una irracionalidad absoluta de nuestra civilización, y es un mito que esto sea necesario. Falta aclarar que hablo aquí de un pequeño porcentaje de la población mundial que tiene el privilegio de sufrir de excesos consumistas (valga la ironía), pero aunque pequeño, es el sector de la población que está a punto de llevarse al planeta por delante.

La gran dificultad es pensar fuera del crecimiento como norma, salirnos de esta lógica. Forma parte de nuestras verdades culturales, que como tales que no nos permiten pensar más allá. ¿Dejar de crecer no quiere decir acaso “parar” la economía? No es esta la definición de la crisis en la que está sumida, por ejemplo, España? Muchísimas personas, millones y millones, pueden estar de acuerdo en hay que parar el calentamiento global, y querrán urgir a sus dirigentes a que hagan algo… Pero estamos listos para dejar de consumir de la manera en que lo hacemos? Pues podría ser que sí, que hay una manera de salirnos de nuestras verdades, que si hay otra manera de pensar lo que hemos venido a llamar “la economía…”. Y si, puede haber un bienestar que no tiene que ver con montañas de consumo… Hay que empezar a imaginarlo.

Continuará…

Esas bolsitas de plástico de todos los días

Por Gisela Ruiseco

Noviembre, 2013

Se lee hoy en las noticias que: “La Comisión Europea quiere reducir drásticamente el uso de bolsas de plástico finas (menos de 0,05 milímetros de espesor) en la Unión Europea (UE) porque constituyen un grave peligro de contaminación medioambiental y en especial en el medio marino para aves y peces”1.  Señala que un “94% de las aves del Mar del Norte tienen restos de plástico en sus estómagos”. Y con esto ha entrado ya en nuestra cadena alimenticia.

El daño causado por las bolsitas contrasta con el corto lapso de su existencia: En 1957 se introducen las primeras para empacar alimentos, y solo en el 77, en los EEUU, se introducen en las grandes tiendas para empacar las compras. Esto es, hace muy poco que las tenemos, y sin embargo, nos parece que no podemos vivir sin ellas.

Desde el principio, la responsabilidad por el uso de las bolsas se pasa a los consumidores y no a los productores. El peso de los daños causados por el plástico se diluyen y caen en manos y consciencias del consumidor. Otra sería la historia si las “externalidades” de la producción del plástico se vieran reflejadas en el precio de las bolsitas .

Por otro lado, con la idea de que podemos reciclar el plástico nos hemos relajado con el hecho que estamos produciendo y consumiendo grandes cantidades de un material que no se destruye en siglos. Y se recicla en parte, pero una gran cantidad del plástico, y en especial las bolsas delgadas, no llega nunca a reciclarse o escapa a los sistemas de recogida y desecho de basuras, acabando vertido en los campos, ríos y mares. Aquí se fragmenta y es ingerido fácilmente por animales. El plástico fragmentado eventualmente encuentra el camino hacia el mar, formando lo que se conoce como la gran sopa de plástico del Océano Pacífico2, escandalosa evidencia de nuestra cultura del desecho. Y el plástico de esta sopa no proviene de barcos indisciplinados, como se podría pensar. El 80% de su composición proviene de la tierra.

La gran pregunta es: ¿porqué no se prohiben estas bolsas? A qué estamos esperando? Parecería que nuestra desidia se debe a que pensamos que es demasiado tarde y entonces ya que importa, como en aquella película en que los enfermos de peste se sentaban a cenar rodeados de ratas…. Pero no, no es así, es simplemente letargo, y claro está, el poder de los lobbies del plástico3, lo que está detrás.

Es curioso que sigamos considerándonos la cima de la civilización humana, los primeros en vivir bajo premisas racionales, dejando atrás las supersticiones, la irracionalidad, de nuestros antepasados. La sociedad occidental moderna, y a pesar de toda apariencia, es definitivamente “irracional como totalidad” como dice Marcuse.

Sobre loquitos ecológicos y cosas sin importancia

Septiembre, 2013

La actualidad: Desaparición de abejas en el mundo, apropiación de las semillas por parte de un puñado de corporaciones, correlaciones encontradas entre exposición a agro-químicos y diversas enfermedades, presencia alarmantes de mercurio en nuestros organismos, nuevos continentes de plástico, material que además ya entra en nuestra cadena alimentaria, océanos radioactivos… Es nuestra realidad; un panorama que hace unos años, de enunciarse su posibilidad, habría parecido un desvarío propio de loquitos desadaptados, resentidos sociales o similares.

Y efectivamente, los temas que tienen que ver con la defensa de la naturaleza han sido material de “loquitos” y antisistemas. Y si reflexionamos un poco acerca de esto… ¿Como es posible que la defensa de materias tan serias como el envenenamiento de todo lo que es de primera importancia para la supervivencia de nuestra especie como son el agua, el suelo, o nuestros alimentos, se percibiera, y se siga percibiendo, en los círculos “serios” de la economía y la política, como temas secundarios? ¿Que permite esa descalificación? ¿Porqué estos temas no forman parte natural de los círculos “serios”?

Empezamos a entender lo que sucede aquí al darnos cuenta de que no siempre fue así. El proceso de descalificación de ciertos temas tiene sus raíces en una invención propia de la llamada cultura occidental: eso que llamamos “la economía”. Nos señala J.L. Naredo que en los orígenes del capitalismo a lo que apuntaba este concepto era a una actividad enraizada en el mundo físico y no separada de él. Es después de que se abstrae a “la economía” de la sociedad y del mundo físico, y se convierte en un ente separado, autosuficiente,  que nos volvemos ciegos a su enraizamiento en la sociedad y en la naturaleza. Solamente volvemos a ver este enraizamiento, esta dependencia del mundo físico cuando, como ha ocurrido en las últimas décadas, se hace visible que este mundo físico es limitado. Y también con la diversas “primaveras” en diferentes partes del mundo, movimientos de indignados u otros movimientos de base, se hace visible que que la economía aunque funcionara en abstracto siempre también funcionaba adentro de sistemas sociales.

La particular miopía de la cultura occidental (pues todo círculo cultural permite ver unas cosas y otras no), este habernos trasladado con la verdad de “la economía” a su mundo abstracto, hace posible que las personas que señalan estos puntos ciegos, o sea las fallas de la lógica autosuficiente del sistema,  se puedan calificar de “loquitos”. Y es que, en efecto, la verdad en la que vivimos le quita toda posibilidad de relevancia a lo que apuntan.

Y se les dio el permiso a las multinacionales para acaparar la “producción” de la base de la vida, como son las semillas. Y se les dio también permiso a las industrias de la química para producir venenos en cantidades alarmantes.  Y por último, hoy se le permite a los estados el abandono de su única razón de ser: velar por los intereses de los ciudadanos a los que representa. Pues lo importante y serio sigue siendo “la economía”.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 330 seguidores